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El triunfo de la inconsciencia sobre el nihilismo

Friday, July 25th, 2008

El nihilismo es un concepto o doctrina que muchos asocian a la realidad social que nos rodea y yo creo que dicha asociación es mayoritariamente errónea.

Entendamos el nihilismo como el principio que niega toda religiión, trascendencia o utilidad de la especie humana. En contra de todas las religiones, que posicionan al hombre como fin de la creación divina, el nihilismo intenta destruir toda existencia de cualquier dios dándole al hombre no el papel de creación consciente sino el de casualidad natural y, por tanto, dejando al hombre sin dios, sin trascendencia y sin marca que separe el bien del mal o el fiel del infiel.

Desde este punto de vista, no puedo estar más de acuerdo con esta doctrina, como bien se puede transcribir de muchos de estos artículos. Además de defender y criticar la existencia de las religiones, incluso me atrevo a criticar el concepto de personalidad, que asocio más a procesos químicos y psicológicos intrínsecos que a un voluntad personal.

Además, una vez aceptada la teoría arreligiosa, el siguiente paso de muchos filósofos ha sido derrumbar todos aquellos valores que tradicionalmente han surgido de la mentalidad religiosa. En este sentido, el nihilismo pasa por una destrucción de la cultura anterior y la conformación de nuevos valores de equilibrios carentes del miedo a las llamas del infierno.

No obstante, después de este proceso de destrucción, primero de la esperanza de trascendencia y posteriormente de la cultura relacionada con los que defendían la misma, queda un vacío. El nihilismo, por tanto, se nos presenta como un principio de negación tanto del yo trascendental como del nosotros piadoso.

Existen muchos sociólogos que relacionan el proceso de deterioro social con la proliferación del nihilismo. Es lógico pensar que un hombre que pierde toda esperanza en una vida futura, acaba dándole exclusivamente importancia a la existencia terrenal y desde este punto de vista, el nihilismo puede acabar propiciando la aparición del egoísmo, del hedonismo o de la ruptura social. Y ha habido ejemplos de nihilistas que tomaron en mayor o menor medida algunos de estos caminos.

No obstante, el hecho las sociedades modernas defiendan cada vez más los principios arreliogiosos y establezcan modelos de libre pensamiento lejanos a la promesa de salvación, en contra de otras sociedades que consideramos menores gobernadas por el fanatismo religioso, es cierto que ha derivado en un socialización de la esperanza personal.

Muchos sociólogos levantan la bandera del nihilismo para explicar el aumento del consumo de drogas, de la violencia, del materialismo y de la negación de todo principio altruista o socialmente beneficioso, pero yo creo que se equivocan.

Considero un acierto la eliminación de dios dentro de las sociedades modernas, pero considero que éstas no han sido capaces de sustituir estos valores dogmáticos por otros que garanticen el control de las individualidades extremas o la búsqueda introspectiva de nuevas metas o bienes supremos.

La libertas es bella, pero no siempre se sabe usar. El hecho de que estas sociedades modernas hayan creado individuos carentes de toda moral o esperanza es un error de la educación que se ha recibido de generaciones anteriores. Éstas generaciones han convivido con estos conceptos religiosos que, una vez apartados, no han sabido sustituir convenientemente por nuevos modelos de valores.

El nihilismo debe ser entendido como creación y no como destrucción. No basta con destruir el modelo anterior, hay que saber construir un nuevo modelo. Y el hecho de que las sociedad moderna dé al individuo la libertad de escoger su modelo vital no implica que el individuo sepa hacer uso de dicha libertad. Considero que la mayor parte de la sociedad no está preparada para vivir sin dios, no está preparada para vivir sin miedo al azote, no está preparada para crear un mundo al que le quede esperanza.

Ante esta perspectiva, quizás la historia solo nos dé dos opciones: Que volvamos a las religiones y que los estados propongan y promuevan un modelo de salvación del alma acorde a sus intereses, tal y como aparecieron siglos atrás las religiones tras la destrucción del mitos o que las sociedades promuevan los medios suficientes para dotar a sus individuos de una esperanza que les dé trascendencia.

Las sociedades capitalistas nos han servido de entretenimiento. Nos han prometido que si estudiamos ganaremos dinero y podremos comprarnos una casa, que si somos malos iremos a la cárcel y que si nos drogamos moriremos. Pero no creo que se pueda cultivar una sociedad con un mensaje tan tristemente sencillo como falso.

¿Estamos cada de uno nosotros preparados para crearnos una nueva religión que nos dé esperanza a pesar de que su culto no sea compartido por una comunidad? ¿Estamos dispuestos a rezar y entregar nuestra lealtad a principios que choquen contra el egoísmo o la búsqueda de satisfacciones inmediatas? ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestras sociedades para que inculquen la necesidad de construir una verdad personal y aceptar la verdad personal de los otros?

Yo creo que todo el mundo no está preparado para ello. Creo que los que algunos llaman nihilismo social no es más que la más pura y absoluta inconsciencia social. No creo que muchos de los jóvenes drogadictos, violentos o materialistas tengan ni idea de lo que es el nihilismo. Y yo creo que la sociedad debería enseñarlo.

Yo soy nihilista y he creado mi propia escala de valores. Tengo mi propio concepto del bien y del mal. En la inconsciencia no hay bien ni mal, todo vale. Yo tengo una religión que se llama Eddy Waiting. El inconsciente no cree en nada, lo cual no le convierte en un nihilista.

Hay que inculcar socialmente la necesidad no solo de destruir a las religiones, sino de crear una nueva. Yo, por mi parte, apuesto por valores como la empatía (el saber ponerse en el sitio del otro), el sacrificio (no esperar que todo sea fácil), la honestidad y el respeto. Y soy nihilista, y no me gusta que digan que los inconscientes, que aquellos que no saben adónde van, que aquellos que no saben quiénes quieren ser y que solo se preocupan de su propio bien, son nihilistas. Para ser nihilista hay que pensar y para los que no les guste pensar, ya existen las religiones.

En este sentido tengo que reconocer que las religiones, por muy falsas que sean, han servido de sustento moral al bien comunitario. Y quizás no debamos desprendernos personalmente de ellas hasta haber creado un modelo propio alternativo consistente. La destrucción destruirá al individuo.

Hay que buscar un nihilismo constructivo si no queremos quemarnos en la hoguera de los egoísmos.