El espíritu sobre la fuerza

June 16th, 2008

Hay personas, llamadas fuertes, que han aprendido a no sufrir con el amor, ni con la muerte, ni con las desgracias, que han dejado de ser vulnerables ante las fatalidades y que imponen una voluntad sobre el mundo. Hay otras, llamadas débiles, que sufren, que necesitan de otras, que siguen el curso de aquello que otros dicen.

En el taoísmo, sin embargo, se plantea un modelo diferente. Para esta doctrina, lo blando estaba por encima de lo duro. Consideraban más loable adaptarse que imponerse.

¿Qué es mejor ser fuertes o ser débiles? Supongo que la respuesta dependerá del tipo de vida que cada uno haya decidido hacer. Yo creo que la fuerza nace de la decisión y la debilidad del espíritu. Si quieres ganar dinero, tener reconocimiento o tener poder, deberás ser fuerte y poco compasivo. Si quieres hacer que te guste, disfrutar de las pequeñas cosas o vivir sin preocupaciones, tendrás que arriesgarte a sufrirlas.

Yo creo que para vivir el amor con alegría, valorar la vida o sentirnos felices en una vida plácida, hay que ser débil en el olvido, la muerte o la fatalidad respectivamente. Así que la próxima vez que tengas una debilidad, recuerda que la puedes superar desde espíritu o desde la fuerza. Con el espíritu seguirás siendo débil, pero podrás vivir otra vez la alegría que perdiste, con la fuerza no serás débil nunca más, pero nunca apreciarás las siguientes oportunidades que la vida a veces nos brinda.

Dicho de otra manera, para ganar en satisfacción hay que arriesgar algo más. Siempre puedes ganar y siempre puedes perder, tanto como arriesgues.

¿Juegas?

La ciencia pregunta “¿Cómo?”, la filosofía “¿Por qué?”

June 16th, 2008

Durante una gran parte de mi vida tuve una gran curiosidad por la ciencia, por descubrir los secretos que rigen el mundo y los mecanismos que nos llevan a sus descubrimientos y con esta curiosidad me mantuve despierto durante una época, aunque una vez explorados una parte del camino, acabé cambiando de idea.

La ciencia, a nivel actual es eminentemente práctica. Cualquier estudio se hace con la idea de intentar observar una inferencia para luego modificarla y cuando hablamos de materias como la química, el estudio de la energía o los estudios de estructuras y pesos, los estudios que se realizan siempre intentan optimizar procesos existentes añadiendo nuevos elementos, pero nunca intentan descubrir por qué las cosas funcionan así, con lo que el acercamiento a la verdad es limitado y se restringe mucho más a la reproductividad que a la creación de modelos de grado inferior al estrictamente práctico.

Hay, por contra, otras doctrinas de la ciencia que al ser menos universales o no disponer de conocimiento suficiente, se basan en modelos que intentan describir un comportamiento general. Como no podemos estudiar la consecuencia, pasamos a plantear las causas y aquí la ciencia abre terrenos más ricos. En este entramado estarían elementos como la psicología, la sociología, el evolucionismo o el estudio del universo. Sin duda, éstas, ofrecen vías más ricas filosóficamente que las anteriores.

Pero aún así, me quedo con la filosofía… porque es la única de todas las ciencias del mundo que realmente intenta estudiar quién soy yo y por qué, más que cómo me comporto en función de estímulos.

La elección de la exterminación de la estirpe

June 14th, 2008

El concepto de la selección de las especies es altamente conocido. Los individuos más fuertes se supone que tenían más descendencia y, por tanto, se establecía un proceso natural de la mejora de la especie.

Este concepto, está bastante orientado al comportamiento del hombre de siglos atrás, pero no es aplicable al mundo civilizado. La selección de la especie requiere de la lucha por la supervivencia, pero en el mundo civilizado no es necesario luchar para comer. La selección de la especie requiere también de un proporcionalidad en la reproducción, pero en el mundo civilizado ponemos freno a la natalidad según convenio. La selección de la especie requiere que el fuerte prevalezca sobre el débil hasta hacer desaparecer al débil, pero en el mundo civilizado se ayuda al débil.

Aquel que me conozca, sabrá que yo soy una persona que prefiero proteger al débil que volver atrás e imponer cualquier tipo de teoría evolucionista, como deplorablemente hizo el fascismo nazi. No he querido perder la oportunidad de aclararlo, para no pretender hacer apología ni llevar a equívocos. Solo planteo que el marco ha cambiado y que la selección natural transcurre por otros términos.

Obviamente, ahora se premia más los valores intelectuales que los físicos con respecto a otros tiempos. Antes, el fuerte cazaba más y podía alimentar a más hijos, ahora el fuerte gana carga cajas en los muelles y recibe menos a cambio que un director de marketing. En este sentido, la evolución, indirectamente se ve afectada en dicha línea.

Pero el detalle que realmente quiero aportar es la aparición en las sociedades modernas de un concepto que podría compararse con el suicidio de la estirpe. Dentro de la cadena de selección, aquellos individuos que desarrollaban patrones suicidas, obviamente acababan desapareciendo, pero me llama la atención la aparición del siguiente efecto.

Una persona que en la actualidad vea su árbol genealológico y vea que tiene antecedentes de procreación problemática (imaginemos una persona que no es paranoica dentro de una familia bastante poblada de paranoicos y en los que parientes cercanos tienen hijos que algunos presentan orientaciones), el individuo es capaz de decidir no reproducirse. Y lo hace por decisión evolutiva.

Me llama la atención este hecho. El que hace que un individuo no quiera tener un hijo de la estirpe de la que surje. Se puede percibir como el riesgo a sufrir una maldición familiar y, por tanto, de infelicidad.

Cuando el mundo era un sistema hostil en el que los niños venían por casualidad, la lucha de la especie mandaba. Ahora que sabemos cómo vienen y cómo pueden ser, somos nosotros los que escogemos cuál es la especie que debe sobrevivir, llevando al consiguiente suicidio genético.

Sin duda esta parte de la población no entiende que la evolución realmente se genera de la mezcla. Es posible que una persona pueda tener una genética a su gusto deplorable, pero quizás contenga algún gen que pueda mejorar el resto de la especie y que tras una mezcla de generaciones generar individuos que posean solo la parte buena de su estirpe.

El presente continuo

June 8th, 2008

Hay un perfume que inunda el mundo.

Kepler, observador de las primeras leyes de la teoría universal, defendía la existencia de una melodía universal formada por la conjunción de notas que cada astro, al moverse, realiza en el universo y que, asimilada desde el nacimiento, nos resulta invisible.

Pero creo en las conjunciones, en las excepciones, en lo ilógicamente sensible.

Hoy creo en muchas cosas. Algunas son ciertas y otras no, pero mi mecanismo de supervivencia me dice que aquello en lo creo es cierto.

Pero en verdad, lo importante de la vida no es la verdad. Lo importante es la confianza. Es estar en los momentos en los que uno quiere estar, cuando el de al lado le pide que sea.

En quien confíes y se deje confiar, siempre será tu amigo. Y cuando te fallan hay un reloj que se reinicia y vuelve a contar, a veces para atrás.

Pero, en verdad, toda reacción, requiere de un estímulo y de un momento en la vida de cada uno. ¿Siempre reacciona igual según todas las ocasiones? ¿según qué acasiones?

Me reconozco personalmente estimulado para esta retórica…

Hoy tengo ganas de echar un pulso contra mi destino.

Hoy que siento dolor le tengo menos miedo al futuro.

El determinismo personal

June 7th, 2008

El universo está regido por leyes físicas (observables y reproducibles en condiciones específicas) conocidas o aún desconocidas, leyes metafísicas (no observables, al menos por una mayoría de individuos o no reproducibles en condiciones controlables) y leyes personales (aquellas que rigen un individuo, sobre todo aquellas que están en oposición de la tendencia general o norma socialmente regulada).

En otro escrito estuve divagando sobre las posibilidades matemáticas del planteamiento de estas leyes, pero hoy quiero centrarme en el aspecto personal de las mismas.

El hecho de que estas leyes pormenorizadas existan o no en el universo, desde un aspecto personal seguramente nos afecta poco. Por un lado, la complejidad de las relaciones naturales y el desconocimiento de su diversidad, hacen para una persona común imposible su continua resolución, y por otro, el conocimiento que se extrae de estas leyes es mucha veces mínimo en comparación al esfuerzo necesario para su resolución detallada. Nos gusta sacar leyes que nos sean beneficiosas, relaciones que nos puedan ayudar, pero no prestamos atención a todo aquello que no sea alguna vez aplicable.

Por tanto, las normas del universo, desde un punto de vista personal pueden llegar a ser completamente ignoradas y reducidas a un sistema de aprendizajes sobre aspectos diferenciales de la relación con el mundo que nos rodea y la acomodación de nuestra felicidad dentro del mismo.

No obstante, no deberíamos perder la conciencia de que, aunque seamos la consecuencia, digamos caótica, de un sistema de ecuaciones cuasinfinito que ni podemos ni nos merece la pena resolver al detalle, estas leyes en verdad rigen nuestro organismo.

Todo esto para plantearme… ¿hasta qué punto, aunque no seamos conscientes de ello, somos meramente la solución a una ecuación? ¿del sistema de ecuaciones universales que aplican a un único individuo, cuáles son los grados de libertad? ¿qué parte de lo que somos es algo que decidimos y qué parte es fruto de una ecuación rígida?

Como no quiero resolver el problema matemático, me fijo en el paradigma personal. ¿Qué parte de mí es algo que yo decido y qué parte de mí es algo que, aunque yo crea que decido, en verdad es una consecuencia exacta de otros aspectos?

Yo tengo la creencia de que en la vida existe un nivel de determinismo personal, no necesariamente rígido (sería como plantear un universo basado en un destino concreto), pero mucho mayor que el que realmente sentimos a diario. Yo creo que conceptos como coherencia, gustos personales, rigidez de ideas, conceptos o creencias, aficiones, fobias o aspiraciones forman parte de esa parte de nuestra persona que, siendo diferencial a los demás individuos, solo tiene una misma manera de ser dentro de un individuo.

Para hacernos una idea, si tuviéramos 100 hijos, lo más probable es que no sean todos del mismo sexo, pero si nos dieran 100 veces a escoger entre dos fotos donde aparece una cara que nos recuerda a un amigo frente a otra que, por lo que sea, no nos cae bien… ¿cuántas veces escogeríamos la misma foto? Seguramente más de 95.

Me resulta curioso cómo percibimos la testarudez como un signo de libertad y reafirmación en la capacidad de elección, pero si lo observamos con cierta distancia… ¿qué capacidad de elección tiene un individuo que siempre responde igual a la misma pregunta?

Recopilación de dudas

May 27th, 2008

Hoy tengo muchas preguntas que hacer

a) ¿Qué mantiene unidos a los protones y a los neutrones de un átomo como para que configuren un núcleo estable a largo plazo?

b) ¿Si se conocen los datos de desplazamiento de las galaxias, por qué no se determina un centro de convergencia, que sería el origen del big bang y, por tanto, del universo?.

c) Existen materias primas, como el tejido, fácilmente renovables, pero ¿por qué seguimos extrayendo metales de las minas sabiendo que es algo que le estamos robando a las generaciones futuras?

d) Si considero que gran parte de mis elecciones se basan en códigos genéticos previamente establecidos… ¿dónde queda la libertad de mis acciones?

e) ¿Cómo debo afrontar el deterioro constante de las cosas manteniendo tanto el sacrificio del equilibrio como el ímpetu de la felicidad?

Y son cosas de las que tendría tan poco que decir, que no me atrevo… de momento.

Las consecuencias del determinismo

May 4th, 2008

Para mí, una de las principales cuestiones que la vida, tanto en el sentido universal como personal, me plantea es la relación de determinación de las cosas. Saber qué grado de aquello que nos ocurre es expontáneo o previamente determinado.

Es obvio que vivimos en una realidad basada en leyes matemáticas. La ciencia día a día nos descubre nuevas relaciones universales, pero dentro del universo no alcanzable por la ciencia y por tanto lejos de ser algún día científicamente expresadas con carácter universal, también existen estas leyes.

Expresándolo de otro modo, existen más realidades matemáticas que físicas. La leyes físicas expresan un conjunto fuera de excepciones, pero en un sistema lleno de excepciones, estas excepciones, a su vez, siguen leyes matemáticas que la ciencia nunca intentará encontrar (a no ser que esta excepción nos resulte rentable y afecte a estudios energéticos o tecnológicos).

Siguiendo la línea de otro escrito ya publicado, la ciencia nunca intentará averiguar quiénes somos cada uno de nosotros, solo nosotros podemos extraer esa ciencia aún a riesgo de que, una vez conocida, no poder compartirla, pero aún así, por muchas excepciones que cada uno suponga dentro de las grandes estadísticas humanas, siempre seguimos pautas que podrían ser derivadas de efectos anteriores.

Si intentáramos expresar todas las leyes matemáticas del universo, tanto aquellas que expresa la ciencia como aquellas que afectan a cada individuo, a la relación de sus nacimientos y evoluciones y aplicada a cada partícula o relación de partículas con sus convenientes ecuaciones de dependencia, es decir, si pudiéramos plantear las infinitesimillonesillas ecuaciones del universo, como con cualquier sistema de ecuaciones de menor grado, podríamos llegar a tres situaciones posibles.

a) El sistema devuelve una solución exacta. Matemáticamente significaría que la ecuación es determinista. Físicamente podría significar que el universo, en realidad, es una constante estática o que, al menos, en estados de no variación de las ecuaciones o las variables se llegaría a dicho resultado.

b) El sistema tiene (n-m) grados de libertad. En un sistema de n ecuaciones no relacionadas (que de unas no se puedan deducir las otras) y m incógnitas, la solución es un espacio (n-m) dimensional. Está claro que el universo observable y el que la ciencia se podrá mover depende básicamente de cinco variables deterministas… las tres del espacio, el tiempo y sus diferenciales (efectos del pasado), aunque a mí me gusta añadir las integrales (efectos del futuro), y el tipo de partícula que ocupe en cada momento el espacio a las que se añaden las ecuaciones de unión. Y básicamente hasta ahí llega nuestro universo explicable y en el que podríamos imaginar el máximo libre albedrío.

c) El sistema no tiene solución. Hay mayor grado de ecuaciones que posibles respuestas y es imposible satisfacerlas todas (por ejemplo, no hay posible solución a un sistema de estas dos ecuaciones x=2 y x=5 ya que no hay valor posible para x que cumpla ambas condiciones). Matemáticamente es irresoluble. Físicamente significaría o que sobran ecuaciones o que faltan variables… existiendo este riesgo físicamente en cualquiera de los casos anteriores.

Creer en el destino, por tanto, sería equivalente a considerar que el universo es determinista y constante. Podríamos decir, que al ser constante tiene instinto de conservación pero de ser así, ¿qué sentido tendría la creación de los opuestos y el planteamiento de las ecuaciones y variables conocidas?. Aquí podríamos hablar cómo Matrix, por ejemplo, plantea esta paradoja y para solucionarla aporta una nueva dimensión.

Creer que en el universo existe cierto libre albedrío otorgaría a cada individuo una pequeña porción dinamizadora del conjunto y aportaría al universo un carácter dinámico y evolucionante y por tanto, tendría la consideración de ser vivo que crece, adquiere inteligencia, cuerpo, fuerza y en definitiva, evoluciona (o involuciona según se mire).

Creer que hay más ecuaciones que grados de libertad solo podría significar que las matemáticas no tienen por qué cumplirse en el universo y que en el universo, quizás, a veces hay situaciones en las que algo vale 2 y 5 a la vez, aunque no cumpla ningún tipo de lógica.

¿Cuántos días debería tener una semana?

April 27th, 2008

Para algunos las semanas se hacen largas y para otros cortas. Supongo que en gran medida dependPara algunos las semanas se hacen largas y para otros cortas. Supongo que en gran medida depende de lo aburrida o entretenida que sea la vida tanto laboral como profesional de aquellos que lo piensen.

Podemos pensar que el hombre inventó el concepto de semana para determinar, al igual que se hace en la actualidad, los ciclos de trabajo y descanso de manera coordinada dentro de un poblado. De hecho, se cree que el término inglés week viene a proceder de un término que se asocia al “día del mercado”, lo que vendría a definir los ciclos en los que agricultores separados se reunirían en los núcleos urbanos para comerciar.

En la actualidad, en todo el mundo, parece relativamente estandarizado el concepto semanal de siete días… pero ¿por qué siete y no cualquier otra cantidad de días? Realmente, el concepto de siete días la única equivalencia astrológica que parece tener es el de cambio de fase lunar, pero en ese sentido, el ciclo es de 28 días (además, tampoco exactos) y las cuatro fases son términos más modernos que el inicio del concepto de semana.

Muchas sociedades antiguas usaban ciclos semanas diferentes a 7 días. Los chinos cambiaban, según deseo del emperador en funciones, el número de días de la semana, indicando el tiempo que deberían pasar trabajando antes de descansar un día, describiendo ciclos que van desde los 4 a los 10 días. Para los mayas habían semanas de 13 y semanas de 20 días.

Es cierto que en la Biblia (en el primer capítulo que comparten con los judíos) ya se define implícitamente el concepto semanal de 7 días “y el séptimo día descansó”, no obstante, dado que ambas religiones han sido desde su creación muy dadas a tomar preceptos populares de otras religiones coexistentes en sus inicios, podríamos asumir que las tomaron de sociedades como la babilónica, la persa o la india que ya lo tenían asumido. Para estos, había un día para cada astro conocido hasta entonces (Sol, Luna, Saturno, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus)

Fue tomado por Roma antes de la instauración del cristianismo (en el siglo III adC), en la que cambiaron de 8 a 7 días y desde entonces ha sido más o menos de uso común en Europa, aunque el calendario republicando francés (que fue abolido por Napoleón) definía semanas de 10 días y el revolucionario soviético (que duró desde 1929 hasta 1940) definía semanas primero de 5 y después de 6 días.

Pero una vez visto lo voluble del número de días que una semana ha tenido en la historia, me llama lo atención lo universal que parece hoy en día este concepto y lo asumido que se nos presenta, a pesar de ser una pregunta que muchos se han hecho en la historia y que, a decir verdad, nadie sabe en verdad hoy en día porqué escogimos 7 (porque si es por lo planetas, con los que hemos descubierto después ¿qué hacemos? ¿les quitamos también la categoría de planetas a Neptuno o Urano?).

El hambre de sensaciones

April 22nd, 2008

A lo largo de nuestra infancia somos instruidos en el arte de la buena conducta. No pegues a tus amigos, mea dentro del váter, lávate los dientes después de comer, duérmete que mañana hay cole.

A lo largo de nuestra precoz adolescencia nos damos cuenta de que el mundo de la buena conducta no nos es suficiente. Necesitamos encontrar engranajes más allá de los que de forma políticamente hemos aprendido en casa. Es una época en la que el mundo sigue siendo un universo por descubrir y la vida un reto por superar. Aprendemos a consumir drogas, a experimentar el placer y a asumir aventuras arriesgadas con final incierto.

A partir de ahí el camino es muy diferencial. Algunos asumen un oficio, otros escogen una carrera universitaria en función de las salidas que en dicho momento tenga el mercado y otros asumen un estudio supuestamente vocacional que solo nos plantea las mismas preguntas y nos da las mismas respuestas para todos y que raramente son capaces de interpretar o de hacer rentable cualquier antiapología del dogma profesional.

Y entonces llegamos al momento aquel en el que la madurez a veces sale a relucir. Llega un momento en la vida en la que nos damos cuenta, a base de recibir regañinas cada vez que levantamos la falda a una niña del cole, a base de salir de acampadas locas con nuestros colegas buscando una diversión que una y otra vez se nos acaba escapando, a base de levantarse todos los días a la misma hora para hacer algo que al principio nos parece deslumbrantemente nuevo y actual y que con el paso del tiempo se vuelve no solo rutinario e inmovilista.

Llegamos al momento aquel en el que nos planteamos que a veces es mejor aceptar las cosas que intentar cambiarlas, que nos aporta más resultados conocer de la manera más empírica posible los mecanismos que rigen cada aspecto de nuestras vidas que intentar imponer un criterio imaginativo, propio y evolucionista. Y, cuando asumimos esta tendencia vital y con el paso del tiempo vamos perdiendo facultades físicas o no tenemos tiempo para imaginar ninguna situación que simplemente lo aceptamos y nos dejamos llevar.

Desde este punto de vista, es como si la madurez repercutiera en una pérdida del impulso personal en pro de una mejor adaptación social, sentimental o laboral. Como si el equilibrio asociado a la madurez no fuera más que una armonización de los impulsos más duros que viven en nuestro organismo. A los individuos que son capaces de controlar sus instintos, planificar sus relaciones y ser correctos en toda situación los admiramos socialmente. A los individuos que se dejan llevar por lo que cada situación le ofrece, que disfrutan del momento y que pierden todo rigor social sistemáticamente los llamamos locos.

Yo pertenezco más al segundo de los grupos. Y lanzo al aire una pregunta a los del primer grupo ¿qué hacéis cuando vuestra alma os pide con aprensión una sensación concreta? ¿Olvidáis la misma y simplemente superestructuráis el deseo para la hora de la agenda que más os convenga? Cuando tenéis un impulso que no sois capaces de explicar, cuando sentís que debéis seguir una dirección concreta aunque os podáis a arrepentir toda la vida ¿podéis olvidar la pregunta de “qué hubiera pasado si..”?.

A lo mejor, aplicando la teoría del impulso, considerando que mis sensaciones son fruto de un impulso personal, también podría ser válido plantear las preguntas en origen más que en consecuencia, y sería cómo decir ¿a todo el mundo el alma le pide alguna vez con aprensión una sensación concreta? o ¿todo el mundo sería capaz de sentir dicha llamada? ¿todo el mundo es capaz de capaz de tener impulsos y de interpretarlos como tales? ¿habrá gente que nunca se pregunte “qué hubiera pasado si…”?

¿Habrá gente que nunca sienta hambre de sensaciones?

Si quieres aprender a hacer algo, debes hacerlo muchas veces

April 10th, 2008

Una vez un músico que tocaba la guitarra como un dios me dijo… “Mucha gente me pregunta qué hay qué hacer para tocar la guitarra como yo la toco y yo siempre les digo lo mismo, para tocar así lo que hay que hacer es tocar. Tocar y tocar y tocar y tocar”.

Podríamos interpretar que lo que quiere decir es que para tener la habilidad que el tenía era necesaria la repetición. Pero la repetición no necesariamente debe ofrecernos una visión exclusivamente orientada al perfeccionamiento de una técnica.

Pero a lo de mi vida he ido perfilando ciertas aficiones, algunas de ellas puramente mentales y otras también físicas. He descubierto de manera personal cómo lo que un día era una inclinación se puede volver un dominio, pero este dominio se basa para mí en dos principios.

El primero, la experiencia. Es obvio que conforme cometes errores aprendes a no cometerlos. El segundo, una especialización fisiológica. Nuestro cuerpo no solo aprende conductistamente a repetir gestos o movimientos combinados de manera cada vez más natural, sino que se va construyendo para tal fin.

Podríamos pensar en este sentido, que una persona que hiciera cualquier tipo de actividad física que requiriera de grandes esfuerzos solo en una mano, podría desequilibrar la musculatura de su cuerpo, pero más allá de la construcción puramente nerviosa del organismo, considero que también se produce una reconstrucción neurológica. Dicho de una manera más genérica no solo se desarrolla el cuerpo sino también la sensibilidad.

Seguramente lo que este músico quiso decir que para tocar como él, no solo necesitas una técnica sino también una sensibilidad con el instrumento… pero realmente, tocando y tocando y tocando desarrollarás ambas cualidades. Tu cuerpo se especializará para esa actividad física y a partir de ahí abrirá las puertas de su percepción para la misma, con mayor o menor fortuna, según el caso.

En definitiva, yo creo que ser sensible es algo que se puede aprender… pero solo se consigue con una práctica intensa de la sensibilidad. La repetición de un acto nos aporta no solo los conocimientos sensibles, sino que nuestro equilibrio neuronal tiende hacia el mismo y se hace cada vez más sensible, para ir poco a poco, sumando nuevos matices descubiertos.

Para un poeta la frase podría traducirse como la suma de experiencias te suma entendimiento para nuevas experiencias. Para un matemático, que el ejercicio continuado del cálculo mejora la percepción espacial. Para un borracho, que con la edad se bebe mejor. Para un loco, que la vida te da a veces patadas que te duran toda la vida. Para Eddy es solo la teoría de que la evolución neurológica depende de los entrenamientos específicamente desarrollados en continuidad estable.

Quizás haya locos que se solo puedan curarse desarrollando con continuidad nuevas aficiones o prácticas diferentes a las anteriores. El problema, muchas veces, es descubrir qué eliminar y qué poner a cambio.