No se aprende a sufrir, sólo se aprende a ser insensible

Hoy he leído en el último libro de Punset, que trata del amor, un concepto por el que siempre intento pasar siempre un poco de puntillas, que los circuitos neuronales que se activan en la depresión posterior al abandono de las parejas son exactamente los mismos que se activan en un niño pequeño ante la sensación del abandono materno.

Este hecho, contrastado por diversos psicológos, nos llevaría a pensar que en verdad, frente al abandono, siempre somos niños. He leído algún reportaje en el pasado sobre cómo afrontar estos casos y me llamó la atención que uno de los medios aceptados fue precisamente uno que tomé en su momento con una separación muy pasada en el tiempo: Escribir un diario.

Cuando aquel amor comenzó me pilló en una época en la que escribía mucho y como ella también era muy aficionada a la escritura, fue un punto que desarrollé durante toda la relación. Desde este punto de vista, tengo una especie de minidiario de la relación y un diario exhaustivo de la separación.

Ahora vivo el amor de nuevo y la verdad, creo que no estoy enamorado de una manera muy diferente a como lo estaba entonces, y hablo de cuando tenía 20 años. ¿Tendría que pensar entonces que si esto no funciona lo pasaré tan mal como la vez anterior?

Obviamente, la vida es cada día diferente y no podemos pensar que reaccionaremos siempre igual. Yo creo que la edad me ayudaría a superarlo de una manera más optimista que en aquella ocasión, en la que me quedé realmente chafado durante mucho tiempo, pero seguro que lo pasaría mal.

Yo creo que aquello me dolió mucho por dos motivos, primero porque expuse mucho mi sensibilidad. Vivía el amor muy románticamente, me dejaba embriagar por él aunque fuera una relación que ya se sabía que no triunfaría y, segundo, porque no me di cuenta que realmente la persona a la que amaba no compartía conmigo cosas básicas para mí como la sensibilidad para el amor, con lo que ya venía muy frustrado desde la relación.

Yo amé aquella vez porque no sabía que realmente lo iba a pasar tan mal. Pero pensar que amar así es el error es un error en sí mismo. Yo creo que amar así es bello. El error fue que amé a una persona a sabiendas que no debía y el porrazo fue mayor.

Hay gente que plantea relacionales emocionales de pequeños vínculos, lo cual les garantiza una estabilidad y cada vez menos gente practica un discurso de relaciones emocionales intensas y románticas que se mantienen.

Dicen que en el amor el romanticismo acaba desapareciendo, pero yo creo que puede ser la rigidez lo que acaba con el romanticismo. Cuando una persona enamorada conoce a otra enamorada de ella, tienden a encontrar un equilibrio entre el uno y el otro, pero cuando uno de ellos cambia, el otro lo puede considerar un desequilibrio en su modelo acordado.

El romanticismo es contrario a la coherencia. Amar es algo loco, cuando amas a alguien más que pedirle que sea todos los días igual, tendríamos que animar a que fueran cada día diferentes y vivir un proceso adaptativo continuo. Cuando intentas integrar en una relación un nivel de consonancia emocional importante, tienes que saber adaptarte a los continuos cambios emocionales que se producen en la vida de cada uno. Es decir, si planteamos que cualquier acuerdo de pareja es como un puente para unir dos puntos inicialmente extremos, estos puentes acaban siendo no solos inútiles sino a veces verdaderas prisiones si estos dos puntos extremos quieren en un momento dado cambiar de localización. La solución a este problema podría ser estar siempre tirando y rehaciendo puentes. Por tanto, el contrato emotivo que establecemos con la otra persona se hace más fuerte si es variable en el transcurso de los años sin que ello sea un impedimento sino más bien un camino, porque el cambio de las personas es inevitable. No podemos culpar a nadie de querer diferentes que hace cinco años. Es una ley natural, yo creo que la clave es intentar pensar que una relación, lejos de ser un dogma, es un organismo vivo, como las dos partes que la componen y que, por tanto, crece y evoluciona constantemente.

He tenido la oportunidad de ver gente de otras generaciones anteriores a mí que de viejos no están enamorados, simplemente comparten piso, paga y nietos y otros que se siguen queriendo con la edad, que se necesitan el uno al otro y que cuando se miran se siguen sonriendo.

Hay científicos que dicen que la pérdida del amor está demostrada fisiológicamente. Algunos los ponen en tres años, otros en cuatro, otros en siete. Pero a mí me da igual porque, primero, si en estudios sociológicos de este estilo de 100, lo cumplen 95, ya se puede proponer la teoría, aunque ésta nunca hable de la totalidad de casos, y, segundo, porque ninguno de estos estudios hablará jamás de la fe que uno pueda tener en sus sueños.

Cuando tienes que enfrentarte contra todo el mundo, cuando la ciencia, amiga de la lógica, te dice que tus sueños no son posibles, solo la fe te dará una posibilidad de victoria. Y la única manera de conseguir los sueños en un mundo sin esperanza es luchar por ellos aunque lo más probable al principio sea que acabes escribiendo diarios antifrustración.

Hoy he descubierto que quizás Eddy naciera también como un diario antifrustración de una vida que estaba en proceso de cambio e indefinición, ya que conforme mi vida y que no he querido abandonar incluso conforme esta indefinición ha ido desaparenciendo. en parte, sobre todo laboralmente sigue un poco indefinida, pero no lo creo, porque si fuera asSoy culpable de ser contemporáneo en mi vida a lo que escribo y quizás cuanto mejor van las cosas, más lleno estoy de optimismo.

Pero no lo creo. Siempre he sabido que es muy fácil decir “ten fe”… pero cuando alguien me ha contado algún proyecto yo siempre he hecho, antes de poner pegas, la pregunta… “te hace ilusión?”.

Tags: , ,

Leave a Reply