Archive for June, 2008

El valor de los valores

Thursday, June 26th, 2008

En la vida, hacer las cosas sin pensar en los demás es más fácil que buscar un bien común. Es más fácil robar que trabajar, es más fácil mentir cuando te conviene que ser siempre sincero, es más fácil dejarse llevar que mantener firme una decisión en un momento de debilidad.

Podemos entender que el sacrificio, la generosidad, la sinceridad, la lealtad, la lucha por un mundo mejor o la honradez son valores que normalmente requieren de una virtud propia para ser desempeñados, ya que raramente obtienen una recompensa mayor que aquellos que van en su propio beneficio. La virtud es al arte de creer en un valor.

Y el virtuoso siempre será un iluso de cara al mentiroso. Pero yo me considero una persona virtuosa (en mayor o menor medida según la virtud). Y recíprocamente considero que el iluso es el mentiroso. Considero que es mucho mejor que diez personas sepan valorar hasta qué punto tu virtud es bella, que cien consideren bella una mentira inventada.

La virtud requiere de valores por los que luchar y mantenerse firme. La elección de estos valores normalmente es personal (cada cual siempre pone algo de su parte para tirar por el lado bueno o el malo), aunque también educativa. Todas las virtudes que he intentado acumular siempre han sido robadas o aprendidas previamente, por lo que también considero que el factor familiar es muy importante en el desarrollo de la conciencia social y personal.

A mí me gusta que la gente sea libre, o mejor dicho, no me gusta juzgar a la gente. Por tanto, no me quejo porque la gente no quiera practicar ninguna virtud. De hecho, vivo en una sociedad menos virtuosa que la que me vio nacer y aunque me cuesta más encontrar gente que sea verdadera, siempre se puede uno hacer un hueco en todas partes.

En este sentido, al mentiroso le diré que haga lo que quiera, que él allá con su vida. Pero al sincero, al fiel, al honrado, al generoso, al consciente, al soñador, al que le mueve cualquier tipo de amor sincero, le diría que a pesar de que con esta actitud el mundo se acabará riendo de ti cada vez que pierdas una partida, para ti, una sola victoria ya vale más que mil de las suyas.

Aquel que es sincero en la vida, acabará encontrando al que busque la verdad. Aquellos que sean generosos, acabarán encontrando quien sea generosos con ellos. Aquellos que sean leales, sabrán diferenciar al leal del desleal. Aquellos que tengan consciencia social siempre tendrán gente que les apoye. Aquellos que sueñen con algo siempre encontrarán a alguien que les quiera ayudar. Pero se deben perder muchas batallas antes de poder ganar una. Pero cada victoria produce un enorme satisfacción, por lo que animo al virtuoso a seguir encontrando la virtud en la constancia de sus valores. En la no contaminación por la mentalidad interesada. La virtud requiere de firmeza. La virtud perdona pocas excepciones. Solo en la pureza, la virtud acaba triunfando.

Si tienes cualquier virtud, aunque los demás puedan pensar que eres gilipollas, por favor, síguela practicando. Porque solo en la persistencia podrás encontrar el triunfo de tus valores, tu legado para el mundo, el ejemplo de fe en los valores que tu vida representa.

Yo sueño con un mundo muy diferente al que me ha tocado vivir. Sueño con un mundo sin mentiras, sin engaños, sin ladrones, sin envidias, sin mala fe, sin egoísmos. Pero aunque el mundo en el que viva sea muy diferente, no me voy a rendir e intentaré cambiarlo. Y mi principal arma siempre será dar ejemplo.

Si sueñas con un mundo mejor, nunca abandones el ejercicio de tus valores. Nunca dejes de crecer como persona. Nunca dejes que los demás te obliguen a ser nadie.

Revival: La realidad del cambio

Tuesday, June 24th, 2008

Ayer estuve hablando con mi amigo Antonio y salieron en la conversación cuestiones de las que escribí hace mucho tiempo. Para que lo lea si le sigue interesando y para sumarlo a esta e-hemeroteca personal, reproduzco el texto escrito el 19/Abril/2004

“Tengo la sensación de pertenecer a una generación que cree que el mundo ha alcanzado un nivel medianamente maduro de humanismo y de estabilidad social.

No sólo me refiero a los problemas que actualmente vemos en los telediarios y que todos sabemos. Lo intento mirar con una amplitud mayor a la vida que conozco (es decir, desde un sentido históricos más que personal).

Creer que el siglo XX ha supuesto un avance en la humanidad del hombre es tan trágico como real es el hecho de que ha sido con infinita diferencia el siglo más bélico de toda la historia, tanto a nivel de conflictos como a nivel de víctimas.

Pensar que vivimos siglos de regímenes feudalistas, imperiales e imperialistas, coloniales o tribales y que en sólo cien años hemos visto nacer, crecer y morir el comunismo, el fascismo, el nazismo, el socialismo o incluso las monarquías y oligarquías me hace reflexionar con la contradicción de la conciencia general que sentimos sobre que el capitalismo parece un régimen estable. La historia nos ha enseñado que 50 años son ahora más que nunca en la historia un periodo de tiempo demasiado grande como para poder confiar en que todo puede seguir en una misma línea.

Quizás el capitalismo ha sobrevivido tanto al tiempo quizás por ser un sistema predominantemente económico que, aplicado a un mundo de furioso avance tecnológico, ha permitido que todos vendamos un poco nuestra alma a ese diablo que nos permite en 10 años transformar nuestras vidas: Queremos ver películas espectaculares que bajamos de un internet de tarifa hiperancha, que luego grabamos para poder introducir en nuestros aparatos de DVD conectados a nuestros monitores planos. El soma del progreso.

¿Nadie se ha planteado qué ocurrirá si dentro de 40 años sufrimos un parón tecnológico de modo que una consola que sea el doble de buena que la anterior costase el doble en lugar de costar la mitad?

El hombre creo el progreso, el progreso se movió con dinero, el dinero se acumuló creando más progreso y originando un ciclo de realimentación comparable a esas cantidades inmensas de materia que se concentra en determinados puntos del universo de modo que acaba teniendo tal densidad que absorben por el principio de atracción de las masas (como la gravedad) a toda materia que lo rodea convirtiéndose en algo mayor. Esas cantidades de materia se llaman agujeros negros (que sería el punto en el que serían capaces de absorver incluso la luz, que también es materia, que pasa cerca de ellos).

Y creo que sufrimos esa dictadura de los grandes capitales. Pero si el progreso dejase de generar un beneficio económico tan grande como para repercutir el gasto que cuesta la investigación, la realimentación dejaría de ser tan poderosa, tomaríamos menos soma y posiblemente seríamos capaces de idiotizarnos menos.

Y entonces quizás todo cambie. Pero, como todo cambio en la historia, muchas veces se producirá de una forma más inevitable que lógica, de una forma más expontánea que razonada.

Creer que estamos en un grado avanzado de humanismo por ser una sociedad que critica la guerra, por ejemplo, es como creer que un niño de 5 años es una persona madura porque es capaz de hablar.”

No se aprende a sufrir, sólo se aprende a ser insensible

Wednesday, June 18th, 2008

Hoy he leído en el último libro de Punset, que trata del amor, un concepto por el que siempre intento pasar siempre un poco de puntillas, que los circuitos neuronales que se activan en la depresión posterior al abandono de las parejas son exactamente los mismos que se activan en un niño pequeño ante la sensación del abandono materno.

Este hecho, contrastado por diversos psicológos, nos llevaría a pensar que en verdad, frente al abandono, siempre somos niños. He leído algún reportaje en el pasado sobre cómo afrontar estos casos y me llamó la atención que uno de los medios aceptados fue precisamente uno que tomé en su momento con una separación muy pasada en el tiempo: Escribir un diario.

Cuando aquel amor comenzó me pilló en una época en la que escribía mucho y como ella también era muy aficionada a la escritura, fue un punto que desarrollé durante toda la relación. Desde este punto de vista, tengo una especie de minidiario de la relación y un diario exhaustivo de la separación.

Ahora vivo el amor de nuevo y la verdad, creo que no estoy enamorado de una manera muy diferente a como lo estaba entonces, y hablo de cuando tenía 20 años. ¿Tendría que pensar entonces que si esto no funciona lo pasaré tan mal como la vez anterior?

Obviamente, la vida es cada día diferente y no podemos pensar que reaccionaremos siempre igual. Yo creo que la edad me ayudaría a superarlo de una manera más optimista que en aquella ocasión, en la que me quedé realmente chafado durante mucho tiempo, pero seguro que lo pasaría mal.

Yo creo que aquello me dolió mucho por dos motivos, primero porque expuse mucho mi sensibilidad. Vivía el amor muy románticamente, me dejaba embriagar por él aunque fuera una relación que ya se sabía que no triunfaría y, segundo, porque no me di cuenta que realmente la persona a la que amaba no compartía conmigo cosas básicas para mí como la sensibilidad para el amor, con lo que ya venía muy frustrado desde la relación.

Yo amé aquella vez porque no sabía que realmente lo iba a pasar tan mal. Pero pensar que amar así es el error es un error en sí mismo. Yo creo que amar así es bello. El error fue que amé a una persona a sabiendas que no debía y el porrazo fue mayor.

Hay gente que plantea relacionales emocionales de pequeños vínculos, lo cual les garantiza una estabilidad y cada vez menos gente practica un discurso de relaciones emocionales intensas y románticas que se mantienen.

Dicen que en el amor el romanticismo acaba desapareciendo, pero yo creo que puede ser la rigidez lo que acaba con el romanticismo. Cuando una persona enamorada conoce a otra enamorada de ella, tienden a encontrar un equilibrio entre el uno y el otro, pero cuando uno de ellos cambia, el otro lo puede considerar un desequilibrio en su modelo acordado.

El romanticismo es contrario a la coherencia. Amar es algo loco, cuando amas a alguien más que pedirle que sea todos los días igual, tendríamos que animar a que fueran cada día diferentes y vivir un proceso adaptativo continuo. Cuando intentas integrar en una relación un nivel de consonancia emocional importante, tienes que saber adaptarte a los continuos cambios emocionales que se producen en la vida de cada uno. Es decir, si planteamos que cualquier acuerdo de pareja es como un puente para unir dos puntos inicialmente extremos, estos puentes acaban siendo no solos inútiles sino a veces verdaderas prisiones si estos dos puntos extremos quieren en un momento dado cambiar de localización. La solución a este problema podría ser estar siempre tirando y rehaciendo puentes. Por tanto, el contrato emotivo que establecemos con la otra persona se hace más fuerte si es variable en el transcurso de los años sin que ello sea un impedimento sino más bien un camino, porque el cambio de las personas es inevitable. No podemos culpar a nadie de querer diferentes que hace cinco años. Es una ley natural, yo creo que la clave es intentar pensar que una relación, lejos de ser un dogma, es un organismo vivo, como las dos partes que la componen y que, por tanto, crece y evoluciona constantemente.

He tenido la oportunidad de ver gente de otras generaciones anteriores a mí que de viejos no están enamorados, simplemente comparten piso, paga y nietos y otros que se siguen queriendo con la edad, que se necesitan el uno al otro y que cuando se miran se siguen sonriendo.

Hay científicos que dicen que la pérdida del amor está demostrada fisiológicamente. Algunos los ponen en tres años, otros en cuatro, otros en siete. Pero a mí me da igual porque, primero, si en estudios sociológicos de este estilo de 100, lo cumplen 95, ya se puede proponer la teoría, aunque ésta nunca hable de la totalidad de casos, y, segundo, porque ninguno de estos estudios hablará jamás de la fe que uno pueda tener en sus sueños.

Cuando tienes que enfrentarte contra todo el mundo, cuando la ciencia, amiga de la lógica, te dice que tus sueños no son posibles, solo la fe te dará una posibilidad de victoria. Y la única manera de conseguir los sueños en un mundo sin esperanza es luchar por ellos aunque lo más probable al principio sea que acabes escribiendo diarios antifrustración.

Hoy he descubierto que quizás Eddy naciera también como un diario antifrustración de una vida que estaba en proceso de cambio e indefinición, ya que conforme mi vida y que no he querido abandonar incluso conforme esta indefinición ha ido desaparenciendo. en parte, sobre todo laboralmente sigue un poco indefinida, pero no lo creo, porque si fuera asSoy culpable de ser contemporáneo en mi vida a lo que escribo y quizás cuanto mejor van las cosas, más lleno estoy de optimismo.

Pero no lo creo. Siempre he sabido que es muy fácil decir “ten fe”… pero cuando alguien me ha contado algún proyecto yo siempre he hecho, antes de poner pegas, la pregunta… “te hace ilusión?”.

El espíritu sobre la fuerza

Monday, June 16th, 2008

Hay personas, llamadas fuertes, que han aprendido a no sufrir con el amor, ni con la muerte, ni con las desgracias, que han dejado de ser vulnerables ante las fatalidades y que imponen una voluntad sobre el mundo. Hay otras, llamadas débiles, que sufren, que necesitan de otras, que siguen el curso de aquello que otros dicen.

En el taoísmo, sin embargo, se plantea un modelo diferente. Para esta doctrina, lo blando estaba por encima de lo duro. Consideraban más loable adaptarse que imponerse.

¿Qué es mejor ser fuertes o ser débiles? Supongo que la respuesta dependerá del tipo de vida que cada uno haya decidido hacer. Yo creo que la fuerza nace de la decisión y la debilidad del espíritu. Si quieres ganar dinero, tener reconocimiento o tener poder, deberás ser fuerte y poco compasivo. Si quieres hacer que te guste, disfrutar de las pequeñas cosas o vivir sin preocupaciones, tendrás que arriesgarte a sufrirlas.

Yo creo que para vivir el amor con alegría, valorar la vida o sentirnos felices en una vida plácida, hay que ser débil en el olvido, la muerte o la fatalidad respectivamente. Así que la próxima vez que tengas una debilidad, recuerda que la puedes superar desde espíritu o desde la fuerza. Con el espíritu seguirás siendo débil, pero podrás vivir otra vez la alegría que perdiste, con la fuerza no serás débil nunca más, pero nunca apreciarás las siguientes oportunidades que la vida a veces nos brinda.

Dicho de otra manera, para ganar en satisfacción hay que arriesgar algo más. Siempre puedes ganar y siempre puedes perder, tanto como arriesgues.

¿Juegas?

La ciencia pregunta “¿Cómo?”, la filosofía “¿Por qué?”

Monday, June 16th, 2008

Durante una gran parte de mi vida tuve una gran curiosidad por la ciencia, por descubrir los secretos que rigen el mundo y los mecanismos que nos llevan a sus descubrimientos y con esta curiosidad me mantuve despierto durante una época, aunque una vez explorados una parte del camino, acabé cambiando de idea.

La ciencia, a nivel actual es eminentemente práctica. Cualquier estudio se hace con la idea de intentar observar una inferencia para luego modificarla y cuando hablamos de materias como la química, el estudio de la energía o los estudios de estructuras y pesos, los estudios que se realizan siempre intentan optimizar procesos existentes añadiendo nuevos elementos, pero nunca intentan descubrir por qué las cosas funcionan así, con lo que el acercamiento a la verdad es limitado y se restringe mucho más a la reproductividad que a la creación de modelos de grado inferior al estrictamente práctico.

Hay, por contra, otras doctrinas de la ciencia que al ser menos universales o no disponer de conocimiento suficiente, se basan en modelos que intentan describir un comportamiento general. Como no podemos estudiar la consecuencia, pasamos a plantear las causas y aquí la ciencia abre terrenos más ricos. En este entramado estarían elementos como la psicología, la sociología, el evolucionismo o el estudio del universo. Sin duda, éstas, ofrecen vías más ricas filosóficamente que las anteriores.

Pero aún así, me quedo con la filosofía… porque es la única de todas las ciencias del mundo que realmente intenta estudiar quién soy yo y por qué, más que cómo me comporto en función de estímulos.

La elección de la exterminación de la estirpe

Saturday, June 14th, 2008

El concepto de la selección de las especies es altamente conocido. Los individuos más fuertes se supone que tenían más descendencia y, por tanto, se establecía un proceso natural de la mejora de la especie.

Este concepto, está bastante orientado al comportamiento del hombre de siglos atrás, pero no es aplicable al mundo civilizado. La selección de la especie requiere de la lucha por la supervivencia, pero en el mundo civilizado no es necesario luchar para comer. La selección de la especie requiere también de un proporcionalidad en la reproducción, pero en el mundo civilizado ponemos freno a la natalidad según convenio. La selección de la especie requiere que el fuerte prevalezca sobre el débil hasta hacer desaparecer al débil, pero en el mundo civilizado se ayuda al débil.

Aquel que me conozca, sabrá que yo soy una persona que prefiero proteger al débil que volver atrás e imponer cualquier tipo de teoría evolucionista, como deplorablemente hizo el fascismo nazi. No he querido perder la oportunidad de aclararlo, para no pretender hacer apología ni llevar a equívocos. Solo planteo que el marco ha cambiado y que la selección natural transcurre por otros términos.

Obviamente, ahora se premia más los valores intelectuales que los físicos con respecto a otros tiempos. Antes, el fuerte cazaba más y podía alimentar a más hijos, ahora el fuerte gana carga cajas en los muelles y recibe menos a cambio que un director de marketing. En este sentido, la evolución, indirectamente se ve afectada en dicha línea.

Pero el detalle que realmente quiero aportar es la aparición en las sociedades modernas de un concepto que podría compararse con el suicidio de la estirpe. Dentro de la cadena de selección, aquellos individuos que desarrollaban patrones suicidas, obviamente acababan desapareciendo, pero me llama la atención la aparición del siguiente efecto.

Una persona que en la actualidad vea su árbol genealológico y vea que tiene antecedentes de procreación problemática (imaginemos una persona que no es paranoica dentro de una familia bastante poblada de paranoicos y en los que parientes cercanos tienen hijos que algunos presentan orientaciones), el individuo es capaz de decidir no reproducirse. Y lo hace por decisión evolutiva.

Me llama la atención este hecho. El que hace que un individuo no quiera tener un hijo de la estirpe de la que surje. Se puede percibir como el riesgo a sufrir una maldición familiar y, por tanto, de infelicidad.

Cuando el mundo era un sistema hostil en el que los niños venían por casualidad, la lucha de la especie mandaba. Ahora que sabemos cómo vienen y cómo pueden ser, somos nosotros los que escogemos cuál es la especie que debe sobrevivir, llevando al consiguiente suicidio genético.

Sin duda esta parte de la población no entiende que la evolución realmente se genera de la mezcla. Es posible que una persona pueda tener una genética a su gusto deplorable, pero quizás contenga algún gen que pueda mejorar el resto de la especie y que tras una mezcla de generaciones generar individuos que posean solo la parte buena de su estirpe.

El presente continuo

Sunday, June 8th, 2008

Hay un perfume que inunda el mundo.

Kepler, observador de las primeras leyes de la teoría universal, defendía la existencia de una melodía universal formada por la conjunción de notas que cada astro, al moverse, realiza en el universo y que, asimilada desde el nacimiento, nos resulta invisible.

Pero creo en las conjunciones, en las excepciones, en lo ilógicamente sensible.

Hoy creo en muchas cosas. Algunas son ciertas y otras no, pero mi mecanismo de supervivencia me dice que aquello en lo creo es cierto.

Pero en verdad, lo importante de la vida no es la verdad. Lo importante es la confianza. Es estar en los momentos en los que uno quiere estar, cuando el de al lado le pide que sea.

En quien confíes y se deje confiar, siempre será tu amigo. Y cuando te fallan hay un reloj que se reinicia y vuelve a contar, a veces para atrás.

Pero, en verdad, toda reacción, requiere de un estímulo y de un momento en la vida de cada uno. ¿Siempre reacciona igual según todas las ocasiones? ¿según qué acasiones?

Me reconozco personalmente estimulado para esta retórica…

Hoy tengo ganas de echar un pulso contra mi destino.

Hoy que siento dolor le tengo menos miedo al futuro.

El determinismo personal

Saturday, June 7th, 2008

El universo está regido por leyes físicas (observables y reproducibles en condiciones específicas) conocidas o aún desconocidas, leyes metafísicas (no observables, al menos por una mayoría de individuos o no reproducibles en condiciones controlables) y leyes personales (aquellas que rigen un individuo, sobre todo aquellas que están en oposición de la tendencia general o norma socialmente regulada).

En otro escrito estuve divagando sobre las posibilidades matemáticas del planteamiento de estas leyes, pero hoy quiero centrarme en el aspecto personal de las mismas.

El hecho de que estas leyes pormenorizadas existan o no en el universo, desde un aspecto personal seguramente nos afecta poco. Por un lado, la complejidad de las relaciones naturales y el desconocimiento de su diversidad, hacen para una persona común imposible su continua resolución, y por otro, el conocimiento que se extrae de estas leyes es mucha veces mínimo en comparación al esfuerzo necesario para su resolución detallada. Nos gusta sacar leyes que nos sean beneficiosas, relaciones que nos puedan ayudar, pero no prestamos atención a todo aquello que no sea alguna vez aplicable.

Por tanto, las normas del universo, desde un punto de vista personal pueden llegar a ser completamente ignoradas y reducidas a un sistema de aprendizajes sobre aspectos diferenciales de la relación con el mundo que nos rodea y la acomodación de nuestra felicidad dentro del mismo.

No obstante, no deberíamos perder la conciencia de que, aunque seamos la consecuencia, digamos caótica, de un sistema de ecuaciones cuasinfinito que ni podemos ni nos merece la pena resolver al detalle, estas leyes en verdad rigen nuestro organismo.

Todo esto para plantearme… ¿hasta qué punto, aunque no seamos conscientes de ello, somos meramente la solución a una ecuación? ¿del sistema de ecuaciones universales que aplican a un único individuo, cuáles son los grados de libertad? ¿qué parte de lo que somos es algo que decidimos y qué parte es fruto de una ecuación rígida?

Como no quiero resolver el problema matemático, me fijo en el paradigma personal. ¿Qué parte de mí es algo que yo decido y qué parte de mí es algo que, aunque yo crea que decido, en verdad es una consecuencia exacta de otros aspectos?

Yo tengo la creencia de que en la vida existe un nivel de determinismo personal, no necesariamente rígido (sería como plantear un universo basado en un destino concreto), pero mucho mayor que el que realmente sentimos a diario. Yo creo que conceptos como coherencia, gustos personales, rigidez de ideas, conceptos o creencias, aficiones, fobias o aspiraciones forman parte de esa parte de nuestra persona que, siendo diferencial a los demás individuos, solo tiene una misma manera de ser dentro de un individuo.

Para hacernos una idea, si tuviéramos 100 hijos, lo más probable es que no sean todos del mismo sexo, pero si nos dieran 100 veces a escoger entre dos fotos donde aparece una cara que nos recuerda a un amigo frente a otra que, por lo que sea, no nos cae bien… ¿cuántas veces escogeríamos la misma foto? Seguramente más de 95.

Me resulta curioso cómo percibimos la testarudez como un signo de libertad y reafirmación en la capacidad de elección, pero si lo observamos con cierta distancia… ¿qué capacidad de elección tiene un individuo que siempre responde igual a la misma pregunta?