Archive for March, 2008

La necesidad de autorrealización

Sunday, March 30th, 2008

Maslow es conocido por su teoría de la pirámide de necesidades humanas. Establece cinco niveles de necesidades: las fisiológicas (comer, dormir, cagar, follar), de seguridad (empleo, recursos, familia, salud), de afiliación (amistad, afecto, amor), de reconocimiento (realización profesional, respeto) y autorrealización (satisfacción personal, cumplimiento de un ideal). Maslow establece que nuestras necesidades van cambiando de nivel conforme cumplimos el nivel inferior.

Esta teoría de cinco niveles fue en su momento (1947) uno de los estudios más revolucionarios dentro del mundo de la motivación, pero actualmente es una teoría en relativo desuso. Establece dos axiomas que no necesariamente se cumplen. Por un lado, la imposibilidad de muchos individuos de alcanzar un estado de necesidad de autorrealización y por otra que ésta se puede manifiestar también en situaciones de insatisfacciones básicas. En este grupo, destacan paradigmas como Van Gogh, Galileo o Toulosse Lautrec. Trachtenberg desarrolló una nueva forma de hacer aritmética y Víctor Frankl desarrolló su aproximación terapéutica mientras estaban internados en campos de concentración, al menos eso leído, porque no sé quiénes son.

Yo creo que el camino de la autorrealización es un paradigma interno. Cualquier teoría generalista puede ser cierta si se sabe aplicar con la suficiente flexibilidad como para abarcar más su espectro. Yo creo que una vez un individuo ha llegado a conocer en un momento de su vida la necesidad de la autorrealización, ya no la tiene por qué abandonar aunque reaparezcan necesidades de la misma manera que cada uno tiene una interpretación personal de qué necesidades integrar dentro de cada nivel.

En este sentido, de la misma manera que el sexo dentro de un individuo puede estar integrado dentro de las necesidades primarias, también las puede estar dentro de las de autorrealización según qué personas. Hay algunos para los que la lectura es una necesidad primaria y para otros no lo es en absoluto.

Yo creo que para la filosofía al menos hay que tener la tripa llena, a partir de ahí cada uno necesita algo. A veces es muy sencillo y a veces muy complicado, lo importante es descubrirlo.

La inteligencia no humana

Saturday, March 22nd, 2008

El principal fallo filosófico de cualquier religión, el punto clave que demuestra que no son más que teorías con enganche popular que lógica, es el antropocéntrismo de la mismas.

Consideran al hombre como el centro del universo, como el orgullo de la creación divina y como el símbolo más cercano a la perfección dentro de la naturaleza y para el cual ha sido creado el mundo.

Sea o no sea religioso, existe una tendencia generalizada en creer que la supremacia del hombre se basa en la capacidad única de entender la naturaleza. Es decir, en la inteligencia.

Y yo creo que esta premisa es en todo errónea. Creo que la inteligencia es un proceso natural con multirepresentación en la naturaleza.

Ya en otros mamíferos podemos reconocer claros elementos de inteligencia. Todos hemos visto a monos por la tele escribir o como nuestras mascotas son capaces de enamorarse y reflejar su instinto reproductor de una manera emocional, pero todas estas reacciones que consideramos inteligentes en nuestras mascotas serían inteligibles desde el punto de vista que son inteligibles por nosotros, las notamos y las entendemos, pero existen otras representaciones de inteligencia en los animales que superan la capacidad humana.

En el reciente tsunami, todos los animales huyeron. Quizás algunos notaron lo que iba a ocurrir y otros notaron por estos que pasaría algo y los seguirían, pero lo cierto es que muchos animales de diferentes especies, perros, conejos, elefantes…, lo presintieron y huyeron despavoridos de la costa, incluso en zonas en las que las olas llegaron a 3 kilómetros sobre la costa.

Si recuperamos el concepto, claramente antropocéntrico y excluyente de la inteligencia, se entendería como la existencia de siete habilidades: verbal (articulación y comprensión de palabras), numérica (resolución de problemas aritméticos), fluidez (capacidad de pensar rápidamente), perceptual (captar similitudes y diferencias), espacial (medición de distancias), mecánica (basado en la memoria y el recuerdo) y el razonamiento (comprensión de principios para resolver problemas).

Evidentemente, esta inteligencia no es la que se da en los animales, pero eso solo viene a explicar lo limitado, según mi opinión, de nuestro concepto de inteligencia.

Yo creo que la inteligencia es un concepto distribuido a muchas niveles de la naturaleza. Para que un célula complete un proceso de mitosis (separa cada uno de sus órganos en dos y cada parte de cada órgano se va a un lado diferente de la célula para que, cuando queda equilibrada, poner un muro y dividir la célula en dos) es necesaria la inteligencia. Para que una paloma mensajera recuerde el camino de vuelta es necesaria la inteligencia. Para que un árbol se enraíce de manera que le permita acceder al agua de la misma manera que tomar superficie para soportar su peso, es necesaria la inteligencia.

Deberíamos tener un concepto mucho más abierto de la inteligencia. Y no deberíamos descartar la inteligencia no solo animal. El problema del concepto inteligencia es que solo puede ser aplicable a un ser desmotrablemente evolutivo. Que no veamos movimiento en un roca ni significa que ésta no lleve un proceso demostrablemente evolutivo en el que, en su base, puede haber algo de inteligencia.

Lo que los religiosos llaman la gracia de Dios, lo que los científicos llaman instinto, lo que los filósofos llaman mundo, yo creo que no es más que la suma de inteligencias paralelas a la nuestra definidas cada una para conseguir un conjunto superiormente inteligente, para el cual necesitamos tanto como depende de nosotros, de todas esas inteligencias paralelas.

Quizás Dios solo sea la suma de las inteligencias paralelas.

El callejón sin salida de la ciencia y una luz al final del túnel

Monday, March 17th, 2008

Seguramente, si dedicamos tiempo e intentamos plantear objetivamente la naturaleza, podemos llegar a conclusiones que nos alejen radicalmente de cualquier religión existente. Cuando uno busca su propia fe, ya no le vale la fe de los demás. Pero al llegar a una cosmogonía no basada en dios, descubres el efecto que las religiones han tenido en la gente, al sufrir en ti mismo el efecto de la no salvación.

Las religiones se basan en códigos formales, en el sentido en el que siempre establecen una definición del bien y el del mal y, lo que es lo más importante, la salvación del alma. Tanto el concepto del cielo judeocatólico, el hannah islámico o la resurreción budista, aportan a nuestras vidas un concepto de coherencia en el sentido de que consideramos que nuestros actos repercutirán en una continuidad para la que nos vamos preparando. Cuando no crees en el cielo, cuando pierdes toda esperanza de salvación o continuidad, aparece el abismo, te encuentras perdido.

Si dedicáramos tiempo a intentar interpretar el comportamiento de los demás en función de los orígenes de comportamiento autobservados, puedes llegar a notar ciertas pautas propias, que extrapolas como necesarias. Cuando practicas el estudio de la conducta humana desde un aspecto psicológico, puedes llegar a observar hasta qué punto nuestros cerebros, por complicados que sean, tienen ciertos hitos de continuidad y de predictividad dentro de un historial de un mismo individuo.

La psicología plantea un modelo de psique tan obvio que no deja de mostrarnos, ante cada ley, lo predictible de nuestra reacción. Cuando descubres que tu existencia está principalmente condicionada a un proceso de aprendizaje de acciones y reacciones, puedes llegar a pensar que toda tu personalidad o lo que te consideras tú es en gran parte fruto del pasado y de tu capacidad de aprendizaje, pierde mucho sentido sentirse orgulloso de lo que uno es. La psicología conductista vendría a decir que eres la suma de colecciones de estímulos y reacciones que a veces pueden cruzarse.

Pero si llegáramos a creer firmamente en ello, despreciaríamos gran parte de los grandes problemas humanos al considerarlos pequeños y despreciables cruces, entenderíamos que la paranoya o la esquizofrenia son enfermedades que se presentan con frecuencia en la gente normal y relativizaríamos mucho el concepto del yo ajeno, eximiéndolo en muchos casos de una voluntad y explicándolo como una suma de consecuencias. Conocer la debilidad humana, deshumaniza.

Si dedicáramos tiempo a estudiar la sociedad moderna, frente a otras en la historia, descubres fácilmente cómo en cualquier individuo se extiende el concepto de la cientificación. Todos creemos en el empirismo, que nos demuestren las cosas, en la universalidad, que nos cuenten algo siempre aplicable, y, sobre todo, en la importancia de los resultados ante otras cosas.

Cuando adquieres perspectiva histórica, descubres que te ha tocado vivir un tiempo de enorme somatización tecnológica. La tecnología, dado que avanza más que el hombre, como nunca en la historia, nos hace vivir absolutamente fascinados por las posibilidades que continuamente nos ofrece la sociedad. El soma, lo explico, sería como una droga que las autoridades suministran a las sociedades para controlarlas.

Vivimos en un tiempo en el que no da tiempo a pensar, es continua adaptación, continua adaptación al resultado, es una sociedad del éxito y del fracaso, de los pobres y de los ricos, que tiene problemas, pero que vive idiotizada por estas cosas que se llaman ordenadores, adsls, teles de plasma. Todo continuamente más nuevo, todo encima de lo otro, todo avanzando, …, si Mozart hubiera nacido hoy se pasaría las tardes jugando a la play con los amigos hasta la saciedad, porque conforme creciera, los juegos serían mejores y nunca se aburriría y nunca habría tenido un piano.

Y observar cómo picamos ante el progreso, dejando de lado otras reflexiones por la necesidad de vivir continuamente alerta para controlar todo lo que nos rodea. Tener que esta continuamente adaptado al cambio a la vez que fascinado por el progreso, es un condicionamiento muy presente en la sociedad actual. Relativizamos a las personas ajenas dentro de estereotipos clasificables y vamos al grano. Buscamos el resultado. Hacemos amigos fácilmente cuando estamos solos, sin importarnos mucho si la otra persona es afín o no a nosotros o buscamos sexo explícito cuando salimos de caza. La sociedad está un poco mecanizada y no da lugar en su vida a la calma, a la reflexión o a la excepción. Aspectos éstos, que parecen como condenables a aislarnos hoy en día.

Cuando no crees en la salvación, ni en la libertad de tu individualidad ni en la posibilidad de un contexto social abierto a compartir reflexiones, acabas aprendiendo que la ciencia, que el estudio, que el conocimiento, puede aplicarse a muchas cosas, puede llegar a hacerte entender cómo funcionan pero el conocimiento, en sí mismo, no aporta felicidad, más bien la delimita.

Yo creo que aunque la salvación no exista, es importante tener fe, aunque sea en uno mismo. Perder la esperanza no aporta nada. Es mejor creer que tienes una obra volátil por esculpir por delante y no mirar tanto hacia delante.

Yo creo que aunque seamos lo que hemos aprendido, en el fondo, hay un sector dentro de mí que escapa a toda ciencia, que escapa a toda reproducción observable por ningún estudioso, ni siquiera yo mismo, y que la voluntad, aunque sea puramente conductista, te puede hacer cambiar las cosas y en el fondo, siempre hay cosas que escogemos por convicción.

Yo creo que no es posible compartir lo que uno es con nadie, pero me resisto a dejar de intentarlo. Me resisto a dejar de creer que tengamos miedo a compartir, mejor o peor, una parte única de nosotros mismos.

Yo creo que la ciencia, ninguna de ellas, podrá explicar quiénes somos. Yo creo que el resultado no debe ser la ley. Yo creo que hay cosas que no se pueden demostrar ni explicar y se tienen que creer sin más. Yo creo que es mejor ver cómo son los demás que intentar sacarles provecho. Yo creo que hay algo más. Yo creo que la sociedad lo ignora. Yo creo que algún día todos nos daremos cuenta.

A veces, pensar desordenadamente es saludable. A veces, actuar con fe es maravilloso. A veces, intentar ser alguien a pesar de Dios tiene recompensa.

Vuestros hijos estudiarán idiomas, ciencia, ingeniería, tabicado, prensa hidráulica y se especializarán y podrán comprarse un piso con una hipoteca y tendrán hijos sanos. Pero ¿quién les enseñará que ser uno mismo, para lo bueno y para lo malo, es el regalo que la vida les ha dado? Las sociedades, para adaptarse al futuro proceso de estancamiento tecnológico, deberán aportan instrumentos capaces de promover el estudio de la diferencialidad personal. Al menos a mí, conseguirían somatizarme igualmente.

El hombre es la medida de todas las cosas

Saturday, March 15th, 2008

Seguramente es una frase que nos debería sonar, ya que es una frase con historia.

Se atribuye al sofista griego Protágoras y lo curioso de la misma es la multiaplicabilidad que tiene en función del significado que le demos a la palabra “hombre”.

Si entendemos “hombre” como “especie humana”, es decir, nosotros, hablaríamos del antropocentrismo, que lo toma como axioma máximo, y cuyos algunos de sus estudios, postularon teorías como el principio antrópico = “El mundo es necesariamente como es porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así”, que viene a decir que dado que los humanos existimos, deben cumplirse condiciones en el universo que posibiliten esta existencia y por tanto, existen limitaciones en el universo relacionadas con nuestra existencia, de la que seríamos consecuencias. Es como decir la frase al revés… Todas las cosas es la medida del hombre.

Si entendemos “hombre” como “ser humano”, es decir, tú, vendría a explicar un principio conductista que viene a decir que, en función de lo que vemos en el hombre, como elemento externo, adaptamos nuestra conducta y moralidad. Lo que se define como relativismo social.

Si entendemos “hombre” como “individuo”, es decir, yo, vendría a querer decir que cada uno, dentro su propia personalidad y percepción tiene un concepto de verdad íntimo y no universal. Platón lo entiende como “lo que a mí me parece frío es frío, aunque no le parezca así a otro” y vendría a llamarse relativismo radical… vaya expresión, bueno, al menos me alegra de que si alguien le ha puesto nombre, no debo ser el único que lo crea.

La ciencia contra el carácter y nosotros en medio

Tuesday, March 4th, 2008

Hay veces en la vida, que todo se revuelve. Hay veces que todo aquello que eres, se transforma. Hay veces que tu vida se derrumba ante tus ojos y todo te obliga a cambiar. Hay veces que te despiertas y todo desaparece. Y entonces, cuando nuestros antiguos amigos ya no salen con nosotros, cuando nuestra ocupación deja de interesarnos o cuando cambiamos de pareja, ¿qué queda de nosotros? ¿Cuál es el motor impulsor de nuestra psique ante estas situaciones? Supongo que es una cuestión entre el carácter propio y experiencias anteriores.

Centrémonos en el concepto ‘carácter’ que pretendo transmitir. Denotemos durante este texto ‘carácter’ como aquel impulso personal que nos hace reaccionar a cada uno en situaciones de decisión. Llamemos ‘carácter’ a la neurona clave que decanta el voto entre seguir por la izquierda, por la derecha o por el centro para cada situación diferente de la vida.

El carácter, en este sentido, nos es adquirido. Quizás genético, quizás astrológico, quizás espontáneo, el carácter es algo que llevamos inscrito y con lo que nacemos cada uno. Un punto de diferencia personal, que aunque concurrente con otros como la educación, la religión, la riqueza familiar o la situación política vividas, nos es común a todos y diferente en cada uno.

Este carácter, se muestra ante nosotros como una respuesta a las cuestiones grandes y pequeñas de la vida diaria. Es la razón de ser de nuestra vida. Nuestro carácter es aquello que nos hace escoger entre un partido político u otro, entre la carne y el pescado o nuestra desviación sexual. Pero en contraposición con la incoherencia, que aporta libertad, el carácter es algo de lo que en el fondo somos esclavos.

No somos como somos, no somos como queremos, a veces somos como necesitamos ser. A veces tomamos decisiones que ni nosotros mismos entendemos, como si fuéramos esclavos de un impulso universal interpretado de una manera singular en cada individuo que nos hiciera reaccionar y actuar instintivamente en una dirección nueva.

El entorno en el que vivimos cada uno es esencial en la determinación de este carácter como un concepto visible para nosotros mismos. Es obvio, que existen factores externos que hacen que a lo largo de nuestras vidas nos tengamos que hacer unas preguntas u otras. Un habitante de una tribu africana se preguntará qué comer al día siguiente y la respuesta singular que encuentre, más que la que escoja, le hará aprender una experiencia muy diferente de aquellos cuya principal preocupación en la vida es de qué color decorar el salón, algo de los que estos otros también sacarán experiencias.

Las preguntas nos vienen condicionadas, pero solo nosotros, desde el interior, encontramos las respuestas singulares. Usamos nuestra memoria para aprender de nuestros errores y solo consideramos errores a cosas que hemos decidido instintivamente. Usamos la inteligencia como medio para hacernos preguntas nuevas… y el carácter no sabe la respuesta, pero nos hace encontrar una.

¿Cómo podría un científico estudiar algo que ocurre de manera extraordinaria en cada persona? Una ley científica intenta abarcar al mayor número de casos, realmente una ciencia siempre intenta encontrar un mensaje universal, algo maximamente aplicable… pero ¿cómo podrá la ciencia estudiar algo que es singular en cada individuo y que es observado desde una singularidad diferente? ¿Qué podrá saber nunca la ciencia de cómo cada uno siente el amor o como cada uno entiende la realidad que le rodea?

Solo se puede conocer lo universal, la ciencia nunca entenderá el concepto del carácter personal, nunca podrá entender su origen y, en definitiva, la ciencia nunca podrá explicar o conocer qué somos cada uno de nosotros y qué aportamos al resto. La ciencia siempre podrá calcular qué día te dejará de arrancar el coche, pero nunca cómo te sentirás, ni por qué.

Desde este punto de vista, el conocimiento del carácter propio, adquirido desde la experiencia observada, podría ser asumida como una ciencia, practicada de un modo personal, y estudiar algo que nadie hará ni podrá hacer nunca en la historia por nosotros. Nunca la ciencia nos dirá cómo era alguien en función de la verdad observable. Siempre observaremos la reacción, pero nunca el impulso y, al menos, en nosotros, podemos notar esos impulsos.

Dentro de mí hay un trozo de algo que tenéis vosotros y que tenemos todos. Cada uno tiene un trozo diferente. Cada uno tenéis un impulso condicionado, pero adquirido, que nunca podrá objetivizarse. Cada uno tenemos algo que nos obliga a ser así. Cada singularidad del individuo, nunca será un objeto de estudio, pero para mí sí.

Cada uno de nosotros tiene una esencia vital que les define y de las que son esclavos. El por qué somos así, el origen de todo esto, nunca nos será conocido. Quizás es el momento de pensar que necesitamos algo más que ciencia para entendernos. Quizás debamos seguir siempre abierto el debate de la universal singularidad imperceptible. Quizás cada uno de nosotros, debamos progresar en el conocimiento singular de nuestra existencia como vía de conocimiento de la verdad personal, la verdad relativa de los otros y la singularidad de sus aproximaciones.

Aunque podamos ser esclavos de algo que nunca podremos entender universalmente, ni llegar a su artífice, el conocimiento de nuestras propias esclavizaciones, la relativización de las mismas hacia los otros y el estudio, no objetivizable pero íntimo y sincero, de la verdad no compartible, puede acercarnos a un conocimiento no universal sino vital.

Yo creo que el mundo, lejos de estar preparado para no creer en Dios, no está preparado para creer que hay un Dios que nunca podrán conocer y que deben buscar.