Seguramente, si dedicamos tiempo e intentamos plantear objetivamente la naturaleza, podemos llegar a conclusiones que nos alejen radicalmente de cualquier religión existente. Cuando uno busca su propia fe, ya no le vale la fe de los demás. Pero al llegar a una cosmogonía no basada en dios, descubres el efecto que las religiones han tenido en la gente, al sufrir en ti mismo el efecto de la no salvación.
Las religiones se basan en códigos formales, en el sentido en el que siempre establecen una definición del bien y el del mal y, lo que es lo más importante, la salvación del alma. Tanto el concepto del cielo judeocatólico, el hannah islámico o la resurreción budista, aportan a nuestras vidas un concepto de coherencia en el sentido de que consideramos que nuestros actos repercutirán en una continuidad para la que nos vamos preparando. Cuando no crees en el cielo, cuando pierdes toda esperanza de salvación o continuidad, aparece el abismo, te encuentras perdido.
Si dedicáramos tiempo a intentar interpretar el comportamiento de los demás en función de los orígenes de comportamiento autobservados, puedes llegar a notar ciertas pautas propias, que extrapolas como necesarias. Cuando practicas el estudio de la conducta humana desde un aspecto psicológico, puedes llegar a observar hasta qué punto nuestros cerebros, por complicados que sean, tienen ciertos hitos de continuidad y de predictividad dentro de un historial de un mismo individuo.
La psicología plantea un modelo de psique tan obvio que no deja de mostrarnos, ante cada ley, lo predictible de nuestra reacción. Cuando descubres que tu existencia está principalmente condicionada a un proceso de aprendizaje de acciones y reacciones, puedes llegar a pensar que toda tu personalidad o lo que te consideras tú es en gran parte fruto del pasado y de tu capacidad de aprendizaje, pierde mucho sentido sentirse orgulloso de lo que uno es. La psicología conductista vendría a decir que eres la suma de colecciones de estímulos y reacciones que a veces pueden cruzarse.
Pero si llegáramos a creer firmamente en ello, despreciaríamos gran parte de los grandes problemas humanos al considerarlos pequeños y despreciables cruces, entenderíamos que la paranoya o la esquizofrenia son enfermedades que se presentan con frecuencia en la gente normal y relativizaríamos mucho el concepto del yo ajeno, eximiéndolo en muchos casos de una voluntad y explicándolo como una suma de consecuencias. Conocer la debilidad humana, deshumaniza.
Si dedicáramos tiempo a estudiar la sociedad moderna, frente a otras en la historia, descubres fácilmente cómo en cualquier individuo se extiende el concepto de la cientificación. Todos creemos en el empirismo, que nos demuestren las cosas, en la universalidad, que nos cuenten algo siempre aplicable, y, sobre todo, en la importancia de los resultados ante otras cosas.
Cuando adquieres perspectiva histórica, descubres que te ha tocado vivir un tiempo de enorme somatización tecnológica. La tecnología, dado que avanza más que el hombre, como nunca en la historia, nos hace vivir absolutamente fascinados por las posibilidades que continuamente nos ofrece la sociedad. El soma, lo explico, sería como una droga que las autoridades suministran a las sociedades para controlarlas.
Vivimos en un tiempo en el que no da tiempo a pensar, es continua adaptación, continua adaptación al resultado, es una sociedad del éxito y del fracaso, de los pobres y de los ricos, que tiene problemas, pero que vive idiotizada por estas cosas que se llaman ordenadores, adsls, teles de plasma. Todo continuamente más nuevo, todo encima de lo otro, todo avanzando, …, si Mozart hubiera nacido hoy se pasaría las tardes jugando a la play con los amigos hasta la saciedad, porque conforme creciera, los juegos serían mejores y nunca se aburriría y nunca habría tenido un piano.
Y observar cómo picamos ante el progreso, dejando de lado otras reflexiones por la necesidad de vivir continuamente alerta para controlar todo lo que nos rodea. Tener que esta continuamente adaptado al cambio a la vez que fascinado por el progreso, es un condicionamiento muy presente en la sociedad actual. Relativizamos a las personas ajenas dentro de estereotipos clasificables y vamos al grano. Buscamos el resultado. Hacemos amigos fácilmente cuando estamos solos, sin importarnos mucho si la otra persona es afín o no a nosotros o buscamos sexo explícito cuando salimos de caza. La sociedad está un poco mecanizada y no da lugar en su vida a la calma, a la reflexión o a la excepción. Aspectos éstos, que parecen como condenables a aislarnos hoy en día.
Cuando no crees en la salvación, ni en la libertad de tu individualidad ni en la posibilidad de un contexto social abierto a compartir reflexiones, acabas aprendiendo que la ciencia, que el estudio, que el conocimiento, puede aplicarse a muchas cosas, puede llegar a hacerte entender cómo funcionan pero el conocimiento, en sí mismo, no aporta felicidad, más bien la delimita.
Yo creo que aunque la salvación no exista, es importante tener fe, aunque sea en uno mismo. Perder la esperanza no aporta nada. Es mejor creer que tienes una obra volátil por esculpir por delante y no mirar tanto hacia delante.
Yo creo que aunque seamos lo que hemos aprendido, en el fondo, hay un sector dentro de mí que escapa a toda ciencia, que escapa a toda reproducción observable por ningún estudioso, ni siquiera yo mismo, y que la voluntad, aunque sea puramente conductista, te puede hacer cambiar las cosas y en el fondo, siempre hay cosas que escogemos por convicción.
Yo creo que no es posible compartir lo que uno es con nadie, pero me resisto a dejar de intentarlo. Me resisto a dejar de creer que tengamos miedo a compartir, mejor o peor, una parte única de nosotros mismos.
Yo creo que la ciencia, ninguna de ellas, podrá explicar quiénes somos. Yo creo que el resultado no debe ser la ley. Yo creo que hay cosas que no se pueden demostrar ni explicar y se tienen que creer sin más. Yo creo que es mejor ver cómo son los demás que intentar sacarles provecho. Yo creo que hay algo más. Yo creo que la sociedad lo ignora. Yo creo que algún día todos nos daremos cuenta.
A veces, pensar desordenadamente es saludable. A veces, actuar con fe es maravilloso. A veces, intentar ser alguien a pesar de Dios tiene recompensa.
Vuestros hijos estudiarán idiomas, ciencia, ingeniería, tabicado, prensa hidráulica y se especializarán y podrán comprarse un piso con una hipoteca y tendrán hijos sanos. Pero ¿quién les enseñará que ser uno mismo, para lo bueno y para lo malo, es el regalo que la vida les ha dado? Las sociedades, para adaptarse al futuro proceso de estancamiento tecnológico, deberán aportan instrumentos capaces de promover el estudio de la diferencialidad personal. Al menos a mí, conseguirían somatizarme igualmente.