Y del logos… ¿a dónde?
Saturday, February 23rd, 2008No estoy para nada actualizado con el actual sistema educativo, pero en el que me tocó vivir, dentro del tercer año de bachillerato, con 17 años, se impartía Filosofía como asignatura obligatoria. La de COU fue bastante aburrida porque básicamente lo que hacíamos era prepararnos para el examen de selectividad y, en definitiva, nos centrábamos en las preguntas de temarios sobre, exclusivamente, siete autores más algunos relacionados con éstos.
Pero en tercero de bachillerato se investigaban temas muy diversos, que según el criterio de cada profesor y sus preferencias supongo que irían tomando mayor o menor importancia en cada experiencia que personalmente cada uno haya vivido. Pero siempre recordaré el primer tema de la primera clase de filosofía, que seguro fue el mismo en todos los casos: Del mito al logos.
El cambio del mito al logos se entiende como el comienzo del razonamiento filosófico. Justo en el momento en el que tribus adoradoras de dioses ancestrales y relacionados con los ciclos naturales sin sustituidos por razonamientos medianamente lógicos sobre el origen y los flujos del universo independientemente de la acción continuada de un dios sediento de sacrificios.
Supongo que este cambio se produjo en el hombre con el comienzo de la vida ociosa. Me gusta mucho la frase de “filosofía sí, pero con la tripa llena”. Cuando la vida diaria del hombre dejó de verse exclusivamente orientada al trabajo por la supervivencia, cuando los recursos naturales y las organizaciones tribales alcanzaban un nivel de explotación de los recursos que les rodeaban más óptima e integral y comenzaron a tener tiempo libre después de los quehaceres diarios, cuando el hombre llenó su tripa y sació el instinto primario y se sentó a descansar, aparecieron las necesidades secundarias, que para algunos se tradujo en la búsqueda de conocimientos. Estos conocimientos se orientaron y se orientan en múltiples sentidos. Desde el estudio y la investigación tecnológica que permite constantemente la mejora de la productividad de nuestras sociedades hasta el simple hecho de la fascinación por las preguntas del universo, como es el caso que ahora me preocupa.
La socialización del logos nos ha llevado a que, aunque la curiosidad por responder estas preguntas no sea compartida, sí lo sean el planteamiento generalizado de las dudas acerca de estos aspectos, dentro de sociedades ociosas. Seguramente, en los tiempos del mythos, plantear una pregunta sobre el origen del hombre más allá de la respuesta tribalmente aceptada conducía a la herejía y al desprecio. Actualmente pensar, ser imaginativo, transgresor o hereje no siempre está bien visto.
Podemos decir que vivimos en la era de la socialización y universalización del logos. Seguramente el hombre acabará matando a las religiones y creando teorías lógicas, pero cuando el logos venza al mito, ¿qué inventaremos para vencer al logos?
Me imagino dentro de mil años a un alumno de bachillerato abriendo por primera vez un libro lectivo de filosofía y ojeando el primer tema del temario… “Del mito a la búsqueda inteligible”.
