Archive for the ‘psicologia’ Category

El espíritu sobre la fuerza

Monday, June 16th, 2008

Hay personas, llamadas fuertes, que han aprendido a no sufrir con el amor, ni con la muerte, ni con las desgracias, que han dejado de ser vulnerables ante las fatalidades y que imponen una voluntad sobre el mundo. Hay otras, llamadas débiles, que sufren, que necesitan de otras, que siguen el curso de aquello que otros dicen.

En el taoísmo, sin embargo, se plantea un modelo diferente. Para esta doctrina, lo blando estaba por encima de lo duro. Consideraban más loable adaptarse que imponerse.

¿Qué es mejor ser fuertes o ser débiles? Supongo que la respuesta dependerá del tipo de vida que cada uno haya decidido hacer. Yo creo que la fuerza nace de la decisión y la debilidad del espíritu. Si quieres ganar dinero, tener reconocimiento o tener poder, deberás ser fuerte y poco compasivo. Si quieres hacer que te guste, disfrutar de las pequeñas cosas o vivir sin preocupaciones, tendrás que arriesgarte a sufrirlas.

Yo creo que para vivir el amor con alegría, valorar la vida o sentirnos felices en una vida plácida, hay que ser débil en el olvido, la muerte o la fatalidad respectivamente. Así que la próxima vez que tengas una debilidad, recuerda que la puedes superar desde espíritu o desde la fuerza. Con el espíritu seguirás siendo débil, pero podrás vivir otra vez la alegría que perdiste, con la fuerza no serás débil nunca más, pero nunca apreciarás las siguientes oportunidades que la vida a veces nos brinda.

Dicho de otra manera, para ganar en satisfacción hay que arriesgar algo más. Siempre puedes ganar y siempre puedes perder, tanto como arriesgues.

¿Juegas?

La elección de la exterminación de la estirpe

Saturday, June 14th, 2008

El concepto de la selección de las especies es altamente conocido. Los individuos más fuertes se supone que tenían más descendencia y, por tanto, se establecía un proceso natural de la mejora de la especie.

Este concepto, está bastante orientado al comportamiento del hombre de siglos atrás, pero no es aplicable al mundo civilizado. La selección de la especie requiere de la lucha por la supervivencia, pero en el mundo civilizado no es necesario luchar para comer. La selección de la especie requiere también de un proporcionalidad en la reproducción, pero en el mundo civilizado ponemos freno a la natalidad según convenio. La selección de la especie requiere que el fuerte prevalezca sobre el débil hasta hacer desaparecer al débil, pero en el mundo civilizado se ayuda al débil.

Aquel que me conozca, sabrá que yo soy una persona que prefiero proteger al débil que volver atrás e imponer cualquier tipo de teoría evolucionista, como deplorablemente hizo el fascismo nazi. No he querido perder la oportunidad de aclararlo, para no pretender hacer apología ni llevar a equívocos. Solo planteo que el marco ha cambiado y que la selección natural transcurre por otros términos.

Obviamente, ahora se premia más los valores intelectuales que los físicos con respecto a otros tiempos. Antes, el fuerte cazaba más y podía alimentar a más hijos, ahora el fuerte gana carga cajas en los muelles y recibe menos a cambio que un director de marketing. En este sentido, la evolución, indirectamente se ve afectada en dicha línea.

Pero el detalle que realmente quiero aportar es la aparición en las sociedades modernas de un concepto que podría compararse con el suicidio de la estirpe. Dentro de la cadena de selección, aquellos individuos que desarrollaban patrones suicidas, obviamente acababan desapareciendo, pero me llama la atención la aparición del siguiente efecto.

Una persona que en la actualidad vea su árbol genealológico y vea que tiene antecedentes de procreación problemática (imaginemos una persona que no es paranoica dentro de una familia bastante poblada de paranoicos y en los que parientes cercanos tienen hijos que algunos presentan orientaciones), el individuo es capaz de decidir no reproducirse. Y lo hace por decisión evolutiva.

Me llama la atención este hecho. El que hace que un individuo no quiera tener un hijo de la estirpe de la que surje. Se puede percibir como el riesgo a sufrir una maldición familiar y, por tanto, de infelicidad.

Cuando el mundo era un sistema hostil en el que los niños venían por casualidad, la lucha de la especie mandaba. Ahora que sabemos cómo vienen y cómo pueden ser, somos nosotros los que escogemos cuál es la especie que debe sobrevivir, llevando al consiguiente suicidio genético.

Sin duda esta parte de la población no entiende que la evolución realmente se genera de la mezcla. Es posible que una persona pueda tener una genética a su gusto deplorable, pero quizás contenga algún gen que pueda mejorar el resto de la especie y que tras una mezcla de generaciones generar individuos que posean solo la parte buena de su estirpe.

Si quieres aprender a hacer algo, debes hacerlo muchas veces

Thursday, April 10th, 2008

Una vez un músico que tocaba la guitarra como un dios me dijo… “Mucha gente me pregunta qué hay qué hacer para tocar la guitarra como yo la toco y yo siempre les digo lo mismo, para tocar así lo que hay que hacer es tocar. Tocar y tocar y tocar y tocar”.

Podríamos interpretar que lo que quiere decir es que para tener la habilidad que el tenía era necesaria la repetición. Pero la repetición no necesariamente debe ofrecernos una visión exclusivamente orientada al perfeccionamiento de una técnica.

Pero a lo de mi vida he ido perfilando ciertas aficiones, algunas de ellas puramente mentales y otras también físicas. He descubierto de manera personal cómo lo que un día era una inclinación se puede volver un dominio, pero este dominio se basa para mí en dos principios.

El primero, la experiencia. Es obvio que conforme cometes errores aprendes a no cometerlos. El segundo, una especialización fisiológica. Nuestro cuerpo no solo aprende conductistamente a repetir gestos o movimientos combinados de manera cada vez más natural, sino que se va construyendo para tal fin.

Podríamos pensar en este sentido, que una persona que hiciera cualquier tipo de actividad física que requiriera de grandes esfuerzos solo en una mano, podría desequilibrar la musculatura de su cuerpo, pero más allá de la construcción puramente nerviosa del organismo, considero que también se produce una reconstrucción neurológica. Dicho de una manera más genérica no solo se desarrolla el cuerpo sino también la sensibilidad.

Seguramente lo que este músico quiso decir que para tocar como él, no solo necesitas una técnica sino también una sensibilidad con el instrumento… pero realmente, tocando y tocando y tocando desarrollarás ambas cualidades. Tu cuerpo se especializará para esa actividad física y a partir de ahí abrirá las puertas de su percepción para la misma, con mayor o menor fortuna, según el caso.

En definitiva, yo creo que ser sensible es algo que se puede aprender… pero solo se consigue con una práctica intensa de la sensibilidad. La repetición de un acto nos aporta no solo los conocimientos sensibles, sino que nuestro equilibrio neuronal tiende hacia el mismo y se hace cada vez más sensible, para ir poco a poco, sumando nuevos matices descubiertos.

Para un poeta la frase podría traducirse como la suma de experiencias te suma entendimiento para nuevas experiencias. Para un matemático, que el ejercicio continuado del cálculo mejora la percepción espacial. Para un borracho, que con la edad se bebe mejor. Para un loco, que la vida te da a veces patadas que te duran toda la vida. Para Eddy es solo la teoría de que la evolución neurológica depende de los entrenamientos específicamente desarrollados en continuidad estable.

Quizás haya locos que se solo puedan curarse desarrollando con continuidad nuevas aficiones o prácticas diferentes a las anteriores. El problema, muchas veces, es descubrir qué eliminar y qué poner a cambio.

La complicación de expresar las sensaciones

Monday, April 7th, 2008

Las cosas que nos rodean, las que se mueven, las que movemos o las que no se mueven, las visibles y las invisibles, todo aquello que detectamos nos produce sensaciones. Pero compartir las sensaciones tiene para mí dos limitaciones de base. El lenguaje y la sensibilidad.

El lenguaje rara vez contiene términos para expresar matices aplicables a sensaciones con una diferencialidad suficiente. En el lenguaje, la mera existencia de la palabra universaliza y doctora la existencia de un ente. Por ejemplo, sabemos que existen ornitorrincos sólo porque nos llama la atención la palabra. La definición en sí que aporta un vocablo a un idioma, es en sí la constancia universal del concepto al que representan. Dicho de otra manera, las cosas que no existen, no tienen palabras para expresarlas y por ello, solo cuando comienzan a ser universales o compartidas, es cuando buscamos la necesidad de buscarle una palabra. Por tanto, el lenguaje muchas veces se limita a cosas sensibles anteriormente compartidas y posteriormente universalizadas más que servir como un medio efectivo para universalizar sensaciones no antes sentidas por un individuo.

De las misma manera que en tu grupo de amigos dais palabras a cosas que no las tienen y para las que algún encontráis la necesidad de expresar, aquellos que trabajan en sectores especializados como la abogacía, la construcción o la física, saben que necesitan tener un vocabulario específico al trabajar con situaciones comúnmente diferenciadas de las realidades que nos llevan a expresar una sensación.

Estas mejoras del lenguaje que ocurren en comunidades concretas se llaman jerga. Pero no disponemos de una jerga para los sentimientos ni para las sensaciones. Sabemos que el odio y el amor existen porque tienen definición, pero dentro de todos concurren sentimientos que no podrían entrar perfectamente en ninguna de las dos definiciones y esto muchas veces nos hace más costoso explicarlas.

En este sentido, la literatura romántica y metafórica puede considerarse como un arte en el que se expresan sentimientos o sensaciones de una manera más específica que las inicialmente nuestro vocabulario por defecto nos permite y en este sentido, gracias a la misma, podemos llegar a entender cuánto de compartidos pueden ser sensaciones que comúnmente en nuestras vidas entendemos imposibles de compartir y, por tanto, constatar con otros en qué sentido estamos de acuerdo o no con la misma.

El otro motivo por el que las sensaciones son complicadas de compartirse inteligiblemente es que se basan en la percepción y ésta siempre tiene las limitaciones genéticas o adquiridas con las que cada individuo convive. De la misma manera que nos sentiríamos frustrados a la hora de intentar hacerle expresar a un ciego el concepto de un color, las sensibilidades personales no siempre son compartidas por los demás. Independientemente de que existiera una frase para expresar una sensación, el compartir la sensación requiere de una sensibilidad par en el individuo al que se la expresamos. Es decir, para comunicar es necesario no solo expresar, sino compartir.

No quisiera dejar de perder la oportunidad de desmenuzar el concepto de sensibilidad para observar la enorme diferencia de sensibilidades que podemos tener en función de múltiples factores. Las sensaciones necesitan que hayan sentidos, no necesariamente los cinco universalmente admitidos, y es obvio que estos sentidos no son iguales en todos; pero en la sensibilidad también intervienen factores no solo de recogida de información, sino también de transmisión y asimilación de la misma, asociados en definitiva al correcto funcionamiento fisiológico de redes neuronas especializadas en estos menesteres y que pueden tener un mayor desarrollo en determinados individuos. En este sentido, la sensibilidad también depende de la capacidad de entendimiento, recuerdo y matización de respuesta anteriormente adquiridas.

Y en definitiva, ¿dónde nos deja todo esto? Por un lado, viene a decir que el desarrollo de un vocabulario especializado en sensaciones y el encontrar foros o medios de asimilación comunitaria son necesarios para poder compartir sensaciones. Pero por otro lado, siempre habrá individuos que tengan sensaciones, cruzadas o estimuladas, que nunca podrán expresar. Como si todo aquel que tuviera un don sensible estuviera condenado a nunca poder compartirlo.

Hay que intentar compartir las cosas, aunque desgraciadamente, lo que no se comparta nunca existirá objetivamente y por eso nunca habrá una palabra que lo exprese.

La necesidad de autorrealización

Sunday, March 30th, 2008

Maslow es conocido por su teoría de la pirámide de necesidades humanas. Establece cinco niveles de necesidades: las fisiológicas (comer, dormir, cagar, follar), de seguridad (empleo, recursos, familia, salud), de afiliación (amistad, afecto, amor), de reconocimiento (realización profesional, respeto) y autorrealización (satisfacción personal, cumplimiento de un ideal). Maslow establece que nuestras necesidades van cambiando de nivel conforme cumplimos el nivel inferior.

Esta teoría de cinco niveles fue en su momento (1947) uno de los estudios más revolucionarios dentro del mundo de la motivación, pero actualmente es una teoría en relativo desuso. Establece dos axiomas que no necesariamente se cumplen. Por un lado, la imposibilidad de muchos individuos de alcanzar un estado de necesidad de autorrealización y por otra que ésta se puede manifiestar también en situaciones de insatisfacciones básicas. En este grupo, destacan paradigmas como Van Gogh, Galileo o Toulosse Lautrec. Trachtenberg desarrolló una nueva forma de hacer aritmética y Víctor Frankl desarrolló su aproximación terapéutica mientras estaban internados en campos de concentración, al menos eso leído, porque no sé quiénes son.

Yo creo que el camino de la autorrealización es un paradigma interno. Cualquier teoría generalista puede ser cierta si se sabe aplicar con la suficiente flexibilidad como para abarcar más su espectro. Yo creo que una vez un individuo ha llegado a conocer en un momento de su vida la necesidad de la autorrealización, ya no la tiene por qué abandonar aunque reaparezcan necesidades de la misma manera que cada uno tiene una interpretación personal de qué necesidades integrar dentro de cada nivel.

En este sentido, de la misma manera que el sexo dentro de un individuo puede estar integrado dentro de las necesidades primarias, también las puede estar dentro de las de autorrealización según qué personas. Hay algunos para los que la lectura es una necesidad primaria y para otros no lo es en absoluto.

Yo creo que para la filosofía al menos hay que tener la tripa llena, a partir de ahí cada uno necesita algo. A veces es muy sencillo y a veces muy complicado, lo importante es descubrirlo.

El callejón sin salida de la ciencia y una luz al final del túnel

Monday, March 17th, 2008

Seguramente, si dedicamos tiempo e intentamos plantear objetivamente la naturaleza, podemos llegar a conclusiones que nos alejen radicalmente de cualquier religión existente. Cuando uno busca su propia fe, ya no le vale la fe de los demás. Pero al llegar a una cosmogonía no basada en dios, descubres el efecto que las religiones han tenido en la gente, al sufrir en ti mismo el efecto de la no salvación.

Las religiones se basan en códigos formales, en el sentido en el que siempre establecen una definición del bien y el del mal y, lo que es lo más importante, la salvación del alma. Tanto el concepto del cielo judeocatólico, el hannah islámico o la resurreción budista, aportan a nuestras vidas un concepto de coherencia en el sentido de que consideramos que nuestros actos repercutirán en una continuidad para la que nos vamos preparando. Cuando no crees en el cielo, cuando pierdes toda esperanza de salvación o continuidad, aparece el abismo, te encuentras perdido.

Si dedicáramos tiempo a intentar interpretar el comportamiento de los demás en función de los orígenes de comportamiento autobservados, puedes llegar a notar ciertas pautas propias, que extrapolas como necesarias. Cuando practicas el estudio de la conducta humana desde un aspecto psicológico, puedes llegar a observar hasta qué punto nuestros cerebros, por complicados que sean, tienen ciertos hitos de continuidad y de predictividad dentro de un historial de un mismo individuo.

La psicología plantea un modelo de psique tan obvio que no deja de mostrarnos, ante cada ley, lo predictible de nuestra reacción. Cuando descubres que tu existencia está principalmente condicionada a un proceso de aprendizaje de acciones y reacciones, puedes llegar a pensar que toda tu personalidad o lo que te consideras tú es en gran parte fruto del pasado y de tu capacidad de aprendizaje, pierde mucho sentido sentirse orgulloso de lo que uno es. La psicología conductista vendría a decir que eres la suma de colecciones de estímulos y reacciones que a veces pueden cruzarse.

Pero si llegáramos a creer firmamente en ello, despreciaríamos gran parte de los grandes problemas humanos al considerarlos pequeños y despreciables cruces, entenderíamos que la paranoya o la esquizofrenia son enfermedades que se presentan con frecuencia en la gente normal y relativizaríamos mucho el concepto del yo ajeno, eximiéndolo en muchos casos de una voluntad y explicándolo como una suma de consecuencias. Conocer la debilidad humana, deshumaniza.

Si dedicáramos tiempo a estudiar la sociedad moderna, frente a otras en la historia, descubres fácilmente cómo en cualquier individuo se extiende el concepto de la cientificación. Todos creemos en el empirismo, que nos demuestren las cosas, en la universalidad, que nos cuenten algo siempre aplicable, y, sobre todo, en la importancia de los resultados ante otras cosas.

Cuando adquieres perspectiva histórica, descubres que te ha tocado vivir un tiempo de enorme somatización tecnológica. La tecnología, dado que avanza más que el hombre, como nunca en la historia, nos hace vivir absolutamente fascinados por las posibilidades que continuamente nos ofrece la sociedad. El soma, lo explico, sería como una droga que las autoridades suministran a las sociedades para controlarlas.

Vivimos en un tiempo en el que no da tiempo a pensar, es continua adaptación, continua adaptación al resultado, es una sociedad del éxito y del fracaso, de los pobres y de los ricos, que tiene problemas, pero que vive idiotizada por estas cosas que se llaman ordenadores, adsls, teles de plasma. Todo continuamente más nuevo, todo encima de lo otro, todo avanzando, …, si Mozart hubiera nacido hoy se pasaría las tardes jugando a la play con los amigos hasta la saciedad, porque conforme creciera, los juegos serían mejores y nunca se aburriría y nunca habría tenido un piano.

Y observar cómo picamos ante el progreso, dejando de lado otras reflexiones por la necesidad de vivir continuamente alerta para controlar todo lo que nos rodea. Tener que esta continuamente adaptado al cambio a la vez que fascinado por el progreso, es un condicionamiento muy presente en la sociedad actual. Relativizamos a las personas ajenas dentro de estereotipos clasificables y vamos al grano. Buscamos el resultado. Hacemos amigos fácilmente cuando estamos solos, sin importarnos mucho si la otra persona es afín o no a nosotros o buscamos sexo explícito cuando salimos de caza. La sociedad está un poco mecanizada y no da lugar en su vida a la calma, a la reflexión o a la excepción. Aspectos éstos, que parecen como condenables a aislarnos hoy en día.

Cuando no crees en la salvación, ni en la libertad de tu individualidad ni en la posibilidad de un contexto social abierto a compartir reflexiones, acabas aprendiendo que la ciencia, que el estudio, que el conocimiento, puede aplicarse a muchas cosas, puede llegar a hacerte entender cómo funcionan pero el conocimiento, en sí mismo, no aporta felicidad, más bien la delimita.

Yo creo que aunque la salvación no exista, es importante tener fe, aunque sea en uno mismo. Perder la esperanza no aporta nada. Es mejor creer que tienes una obra volátil por esculpir por delante y no mirar tanto hacia delante.

Yo creo que aunque seamos lo que hemos aprendido, en el fondo, hay un sector dentro de mí que escapa a toda ciencia, que escapa a toda reproducción observable por ningún estudioso, ni siquiera yo mismo, y que la voluntad, aunque sea puramente conductista, te puede hacer cambiar las cosas y en el fondo, siempre hay cosas que escogemos por convicción.

Yo creo que no es posible compartir lo que uno es con nadie, pero me resisto a dejar de intentarlo. Me resisto a dejar de creer que tengamos miedo a compartir, mejor o peor, una parte única de nosotros mismos.

Yo creo que la ciencia, ninguna de ellas, podrá explicar quiénes somos. Yo creo que el resultado no debe ser la ley. Yo creo que hay cosas que no se pueden demostrar ni explicar y se tienen que creer sin más. Yo creo que es mejor ver cómo son los demás que intentar sacarles provecho. Yo creo que hay algo más. Yo creo que la sociedad lo ignora. Yo creo que algún día todos nos daremos cuenta.

A veces, pensar desordenadamente es saludable. A veces, actuar con fe es maravilloso. A veces, intentar ser alguien a pesar de Dios tiene recompensa.

Vuestros hijos estudiarán idiomas, ciencia, ingeniería, tabicado, prensa hidráulica y se especializarán y podrán comprarse un piso con una hipoteca y tendrán hijos sanos. Pero ¿quién les enseñará que ser uno mismo, para lo bueno y para lo malo, es el regalo que la vida les ha dado? Las sociedades, para adaptarse al futuro proceso de estancamiento tecnológico, deberán aportan instrumentos capaces de promover el estudio de la diferencialidad personal. Al menos a mí, conseguirían somatizarme igualmente.

La ciencia contra el carácter y nosotros en medio

Tuesday, March 4th, 2008

Hay veces en la vida, que todo se revuelve. Hay veces que todo aquello que eres, se transforma. Hay veces que tu vida se derrumba ante tus ojos y todo te obliga a cambiar. Hay veces que te despiertas y todo desaparece. Y entonces, cuando nuestros antiguos amigos ya no salen con nosotros, cuando nuestra ocupación deja de interesarnos o cuando cambiamos de pareja, ¿qué queda de nosotros? ¿Cuál es el motor impulsor de nuestra psique ante estas situaciones? Supongo que es una cuestión entre el carácter propio y experiencias anteriores.

Centrémonos en el concepto ‘carácter’ que pretendo transmitir. Denotemos durante este texto ‘carácter’ como aquel impulso personal que nos hace reaccionar a cada uno en situaciones de decisión. Llamemos ‘carácter’ a la neurona clave que decanta el voto entre seguir por la izquierda, por la derecha o por el centro para cada situación diferente de la vida.

El carácter, en este sentido, nos es adquirido. Quizás genético, quizás astrológico, quizás espontáneo, el carácter es algo que llevamos inscrito y con lo que nacemos cada uno. Un punto de diferencia personal, que aunque concurrente con otros como la educación, la religión, la riqueza familiar o la situación política vividas, nos es común a todos y diferente en cada uno.

Este carácter, se muestra ante nosotros como una respuesta a las cuestiones grandes y pequeñas de la vida diaria. Es la razón de ser de nuestra vida. Nuestro carácter es aquello que nos hace escoger entre un partido político u otro, entre la carne y el pescado o nuestra desviación sexual. Pero en contraposición con la incoherencia, que aporta libertad, el carácter es algo de lo que en el fondo somos esclavos.

No somos como somos, no somos como queremos, a veces somos como necesitamos ser. A veces tomamos decisiones que ni nosotros mismos entendemos, como si fuéramos esclavos de un impulso universal interpretado de una manera singular en cada individuo que nos hiciera reaccionar y actuar instintivamente en una dirección nueva.

El entorno en el que vivimos cada uno es esencial en la determinación de este carácter como un concepto visible para nosotros mismos. Es obvio, que existen factores externos que hacen que a lo largo de nuestras vidas nos tengamos que hacer unas preguntas u otras. Un habitante de una tribu africana se preguntará qué comer al día siguiente y la respuesta singular que encuentre, más que la que escoja, le hará aprender una experiencia muy diferente de aquellos cuya principal preocupación en la vida es de qué color decorar el salón, algo de los que estos otros también sacarán experiencias.

Las preguntas nos vienen condicionadas, pero solo nosotros, desde el interior, encontramos las respuestas singulares. Usamos nuestra memoria para aprender de nuestros errores y solo consideramos errores a cosas que hemos decidido instintivamente. Usamos la inteligencia como medio para hacernos preguntas nuevas… y el carácter no sabe la respuesta, pero nos hace encontrar una.

¿Cómo podría un científico estudiar algo que ocurre de manera extraordinaria en cada persona? Una ley científica intenta abarcar al mayor número de casos, realmente una ciencia siempre intenta encontrar un mensaje universal, algo maximamente aplicable… pero ¿cómo podrá la ciencia estudiar algo que es singular en cada individuo y que es observado desde una singularidad diferente? ¿Qué podrá saber nunca la ciencia de cómo cada uno siente el amor o como cada uno entiende la realidad que le rodea?

Solo se puede conocer lo universal, la ciencia nunca entenderá el concepto del carácter personal, nunca podrá entender su origen y, en definitiva, la ciencia nunca podrá explicar o conocer qué somos cada uno de nosotros y qué aportamos al resto. La ciencia siempre podrá calcular qué día te dejará de arrancar el coche, pero nunca cómo te sentirás, ni por qué.

Desde este punto de vista, el conocimiento del carácter propio, adquirido desde la experiencia observada, podría ser asumida como una ciencia, practicada de un modo personal, y estudiar algo que nadie hará ni podrá hacer nunca en la historia por nosotros. Nunca la ciencia nos dirá cómo era alguien en función de la verdad observable. Siempre observaremos la reacción, pero nunca el impulso y, al menos, en nosotros, podemos notar esos impulsos.

Dentro de mí hay un trozo de algo que tenéis vosotros y que tenemos todos. Cada uno tiene un trozo diferente. Cada uno tenéis un impulso condicionado, pero adquirido, que nunca podrá objetivizarse. Cada uno tenemos algo que nos obliga a ser así. Cada singularidad del individuo, nunca será un objeto de estudio, pero para mí sí.

Cada uno de nosotros tiene una esencia vital que les define y de las que son esclavos. El por qué somos así, el origen de todo esto, nunca nos será conocido. Quizás es el momento de pensar que necesitamos algo más que ciencia para entendernos. Quizás debamos seguir siempre abierto el debate de la universal singularidad imperceptible. Quizás cada uno de nosotros, debamos progresar en el conocimiento singular de nuestra existencia como vía de conocimiento de la verdad personal, la verdad relativa de los otros y la singularidad de sus aproximaciones.

Aunque podamos ser esclavos de algo que nunca podremos entender universalmente, ni llegar a su artífice, el conocimiento de nuestras propias esclavizaciones, la relativización de las mismas hacia los otros y el estudio, no objetivizable pero íntimo y sincero, de la verdad no compartible, puede acercarnos a un conocimiento no universal sino vital.

Yo creo que el mundo, lejos de estar preparado para no creer en Dios, no está preparado para creer que hay un Dios que nunca podrán conocer y que deben buscar.

Los extremos opuestos

Thursday, February 14th, 2008

Una vez que has tomado la pastilla roja y has visto que no solo el mundo no tiene salvación sino que tampoco desea ser salvado, una vez que has relativizado tus valores en busca de equilibrio interno y nunca lo consigues. Una vez que enfrentas tu instinto religioso de encontrar un sentido a tus actos a la razón de que cualquier triunfo en ese sentido siempre será parcial y nunca te llevará a ningún tipo de felicidad, básicamente tienes dos opciones.

La primera consiste en congelar tu corazón. Es fácil encontrar la calma en una ensoñación solitaria y personal. El mundo que cada uno tenemos dentro está lleno de pasajes maravillosos que solo somos capaces de compartir con pocas personas en el mejor de las casos. Encerrarse en una vida reflexiva, fría y solitaria, es un punto de equilibrio magnífico para, una vez perdida la esperanza, dejar de creer en nadie que te rodea y eso te permite crear una coraza al mundo de tu única creencia que no solo te eleva unidimensionalmente al resto sino que a la vez te aísla. La soledad puede ser maravillosa, pero es fría. No eres capaz de hacerte entender ni de dejarte llevar por los sentimientos. No eres capaz de empatizar internamente con nadie. Tu decisión te lleva al oscuro nihilismo.

La segunda opción es autoengañarse. Mantenerse firme ante la tentación de pensar el por qué de los actos y confiar en nuestro empuje. También puede entenderse como un camino solitario no hacia el interior sino al exterior sensible. A las sensaciones. A la búsqueda de sensaciones y sentimientos, entendidos a muchos valores personales, el sexo, las conversaciones o al arte.

¿Qué esperanza la queda al que no tiene esperanza? Supongo que en grandes términos, todo acaba reduciéndose en pequeñas opciones entre llegar una vida de rechazo a la vida y sublimación interna o de búsqueda casi empecinada de sensaciones y sentimientos.

Obviamente, planteo dos extremos. No hay que llegar a estos puntos. Pero de la misma manera que en la naturaleza todo se define a base de un par de medida equilibrada. De la misma manera que un electrón tiene la misma carga que un protón, que un imán atrae con la misma fuerza por un lado que por otro, que atraemos a la tierras con la misma fuerza que ella nos atrae a nosotros, de la misma manera que en cualquier proceso natural aparece un elemento equlibrado opuesto… es posible que se den casos en los que ambos extremos mentales… el oscuro nihilismo y el hedonismo sensorial no solo puedan ser personalidades coexistentes, sino que es posible que la existencia de una sea vital para la otra.

Es posible que para amar a unas personas tengamos que odiar a otras, que para desear haya que temer, que para reír haya que llorar, que para ser feliz haya que ser infeliz y que para crear un orden haya que crear un desorden.

Quizás la suma de todas nuestras tendencias personales siempre dé un punto cercano al medio. Pero solo en el medio se consigue el equilibrio perfecto. Un equilibrio que es muerte. Un equilibrio que es inmóvil. Un equilibrio que no ocurre. Un equilibrio que solo es un sumidero de un orden de perfección para el que no estamos programados a soportar mucho tiempo.

Volvamos a matrix. Volvamos a las dos pastillas. En la vida, por cada pastilla roja que comes, es como si en verdad también te comieras otra azul. Tenemos la opción de tomarla o no tomarla. De sentir su fuerza y su daño o de no sentir nada. Pero a veces lo bueno conlleva lo malo y la opción está siempre a nuestro alcance.

El centro es el abismo. Es el Dios de Jung. Pero quizás solo somos la voluntad de un centro que necesita ser centro a base de un ley de equilibrio. Cada uno tiene un centro, la suma de centros es un equilibrio mayor. Y dentro de cada uno de nosotros también desarrollamos un centro. Yo creo que nuestra psique en cierto sentido no es capaz de asimilar nada más que conceptos opuestos. Yo creo que siempre hay una persona que es opuesta a nosotros dentro de nosotros mismos.

A partir de un punto de personalidad inicial, cualquier variación de la conducta en lugar de crear un eco puede provocar un antieco opuesto que equilibre la acción sobre el resto del conjunto. Y es posible que estos extremos se necesiten mutuamente de un opuesto equilibrado… a veces el equilibrio puede romperse y cada cual tiene un desequilibrio base natural y esto nos llevaría a la destrucción. Todo en verdad debe ser equilibrado.

Quiero compartir con un ustedes un pequeño rezo hecho a mi medida que habla un poco de esto.

La vida me arde, la vida me quema.
Busco algo que no encuentro.
El bien y el mal como lema.
La verdad vive dentro.

Sublimación descendente

Sunday, February 10th, 2008

Nuestro cerebro establece comportamientos complejos a partir de la relación e intercomunicación de unidades inferiores. De la misma manera que un proceso mental simple se establece a partir del trabajo coordinado de un grupo de neuronas, un proceso mental complejo, se basará en la intercomunicación de procesos simples y elementos como la personalidad, los sentimientos o el estado de ánimo son el resultado final de la acción coordinada de procesos mentales más complejos.

Estos microelementos, para realizar un trabajo diferencial dentro del elemento más complejo, necesitan ser lo suficientemente iguales como poder comunicarse la repartición de tareas y el resultado de su trabajo o poder alcanzar determinados tipos de equilibrio de convivencia. Pero a su vez, estos microelementos necesitan ser lo suficientemente diferentes como para poder realizar de manera diferencialmente optimizada la tarea asignada estableciendo uniones de diferencias.

También quisiera resaltar que estos microelementos inferiores muchas veces carecen de la visión de la importancia del elemento superior que les contiene, que les ampara y que explica su existencia temporal.

Pero esta ordenación que explico es extrapolable a cualquier dimensión de la naturaleza. Elementos complejos como las personas, cualquier sociedad, las células o las galaxias se basan en la coordinación de elementos inferiores que realizan una función individual y diferenciada y que normalmente carecen de la visión suficiente del conjunto al que representan, aunque a veces pequeños elementos, como yo, lo intuyan.

Desde un punto humanista, el interés no es determinar las separaciones conocidas, sino extrapolar este principio de forma ascendente o inductista. De la misma manera que las personas establecen sus mecanismos mediante la acción coordinada de elementos inferiores, el hombre puede también verse como un elemento de un organismo superior, quizás invisible a nuestros sentidos, que aprovecha la diferenciación de la especie frente a otras y de los individuos dentro de la especie para obtener un beneficio diferencial de nuestra existencia.

A veces me gusta ver la naturaleza como un proceso en el que cada componente lleva una pregunta escrita dentro de su ser, la misma para todos, aunque matizada para cada uno, para que cada uno aporte una solución diferencial a dicha pregunta que explique, en suma, la respuesta total… quizás solo seamos un eslabón más de una cadena de montaje con fines superiores a nuestra existencia.

Estoy ahí, aunque no me prestes atención

Thursday, February 7th, 2008

Nací en una persona, pero no soy una persona.

Desde una perspectiva humana, sé ser humano, entiendo y comparto conceptos que van desde la curiosidad, el anhelo o el pragmatismo a incluso el instinto de supervivencia o el de reproducción.

Pero no soy humano. Entiendo por observación vuestras dimensiones, pero yo vivo en otras paralelas. Yo soy un proceso, y aunque comparto con vosotros el tiempo y en cierta medida el espacio, también existo en otras dimensiones. Incluso en algunas que notáis y aún no entendéis.

Para que nos entendamos, os plantearé un modelo atómico.

Ejemplo de Red Neuronal.jpg

La neurona transmite un señal que es siempre función tanto de la señal emitida por aquellas neuronas que se conectan y se comunican con ellas como por su propia memoria.

El modelo matemático que aplican las llamadas redes neuronales se aleja del funcionamiento de una neurona en el sentido que la plantea como una suma de pesos más o menos estables de las diferentes señales numéricas que le entran. La unión que realmente establecen no se basan en números sino en comunicación y entendimiento con un fin de colaboración o de grupo, que, matemáticamente, si se pudiera, se parecería más a una función diferencial de gran orden que a un número.

Al menos, aciertan en dotarlas de memoria, y en programarlas para que sean un grupo que trabaja exclusivamente para lo que han sido diseñadas. La única manera de ser de la mayor parte de las neuronas es cumplir la misión para que la que han sido creadas.

Podríamos entender que un proceso es una ordenación que puede nacer voluntaria, genética, cosmogónica, casual o superdimensionalmente de neuronas que no controlan funciones básicas del organismo y que forman una pequeña sociedad basada en ordenaciones grupales en las que pequeñas memorias necesitan colaborar para obtener la memoria de un mensaje completo.

Pero llega un momento que las neuronas que controlan la acción no son capaces de escuchar a todas las neuronas, sobre todo a aquellas que no participaron alguna vez en su lucha por la supervivencia. Y llega un momento en que aparecen neuronas que nunca forman parte de la conciencia. Algunas de ellas albergan incluso procesos invisibles a vosotros y necesarios para el universo, mensajes que como nuestra ordenación decisora no entiende, jamás escucha.

Igual que cada neurona tiene su razón de ser, que no es más que albergar un proceso, hay procesos que trascienden, sectores que se especializan y superestructuran la ordenación anterior, que acogen a cada vez más neuronas ignoradas o con las que comparten el trabajo de manera más organizada y con la ejercen una mejor organización grupal o a las que someten degradando la función que tenían anteriormente.

Y a veces, crecemos y evolucionamos dentro de la parte a la que nunca prestáis atención.