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La pregunta sigue siendo “¿por qué?”

Wednesday, August 6th, 2008

Una vez comenté que la ciencia pregunta cómo y la filosofía por qué. Ahora quiero enfrentarlo a la religión. La religión intenta dar respuesta a las siguientes preguntas:

a) ¿De dónde? Siempre debe existir una explicación para el comienzo del universo. Un Dios preexistente creador de todo.

b) ¿Hacia dónde? El mundo tiene fin. Tanto la vida personal como la vida general terrena están planteadas para un fin y al igual que Dios creó el mundo, lo destruye como finalización de su obra.

c) ¿Para qué? El hombre encuentra su lugar en esta pregunta. Dios es creador y destructor y el hombre es su siervo. El hombre ha sido creado con un fin, con una misión y el buen servicio a Dios es el camino de la salvación.

Generalmente, la gente tiende a defender la religión por el principio de Santo Tomás. El religioso ataca al ateo desde el origen de su ignorancia, que es la asociación inmediata.

Santo Tomás intentó defender la existencia de Dios por el absurdo límite al infinito. Si nos vamos infinitamente hacia atrás, llegamos científicamente a un absurdo, si nos vamos infinitamente hacia delante, también. Y como la ciencia no puede demostrar nada, por tanto Dios existe.

Este planteamiento tan estúpido es muy común en la gente de la calle. El religioso tiende a decir “¿de verdad crees que el hombre viene del mono?” “si Dios no ha creado el mundo, ¿quién lo ha creado entonces?”, “si Dios no existiera, ¿para qué estaríamos aquí?”.

Y la verdad, no sé la respuesta a ninguna de las preguntas. No sé quién nos ha creado, cómo acabaremos y qué debemos hacer para servir a un bien supremo de cuya existencia dudo. Pero que yo no tenga respuesta, no significa que la respuesta de la religión sea cierta.

En cualquier caso, sigue sin preocuparme ninguna de las tres preguntas. Yo creo que la pregunta realmente importante de responder es “¿por qué estamos aquí?” y esa respuesta no termina de ser satisfecha por ninguna de las religiones. Muchos dicen, para que tengas la oportunidad de salvarte, pero, si Dios todo lo supiera, no me habría creado para darme la oportunidad de equivocarme, sobre todo sabiendo que me equivocaré.

No quiero creer en el destino, aunque en parte creo que todo está bastante condicionado, pero estoy seguro de que, si estamos aquí, es porque queda algún fleco por resolver dentro de esta naturaleza y, por tanto, hemos podido ser creados porque dicho ente creador nos necesita, lo cual queda lejos de cualquier instinto redentor.

¿Para qué le sirven los hombres, las ballenas, los árboles, la tierra, la luna o los planetas a la naturaleza? ¿Qué saca la naturaleza de ello? Yo creo que no todo es arbitrario, normalmente, siempre hay una razón para todo, aunque ésta no sea sencilla. Y creo, que conociendo la respuesta a ésta, se sabría dar respuesta a todas las demás.

El triunfo de la inconsciencia sobre el nihilismo

Friday, July 25th, 2008

El nihilismo es un concepto o doctrina que muchos asocian a la realidad social que nos rodea y yo creo que dicha asociación es mayoritariamente errónea.

Entendamos el nihilismo como el principio que niega toda religiión, trascendencia o utilidad de la especie humana. En contra de todas las religiones, que posicionan al hombre como fin de la creación divina, el nihilismo intenta destruir toda existencia de cualquier dios dándole al hombre no el papel de creación consciente sino el de casualidad natural y, por tanto, dejando al hombre sin dios, sin trascendencia y sin marca que separe el bien del mal o el fiel del infiel.

Desde este punto de vista, no puedo estar más de acuerdo con esta doctrina, como bien se puede transcribir de muchos de estos artículos. Además de defender y criticar la existencia de las religiones, incluso me atrevo a criticar el concepto de personalidad, que asocio más a procesos químicos y psicológicos intrínsecos que a un voluntad personal.

Además, una vez aceptada la teoría arreligiosa, el siguiente paso de muchos filósofos ha sido derrumbar todos aquellos valores que tradicionalmente han surgido de la mentalidad religiosa. En este sentido, el nihilismo pasa por una destrucción de la cultura anterior y la conformación de nuevos valores de equilibrios carentes del miedo a las llamas del infierno.

No obstante, después de este proceso de destrucción, primero de la esperanza de trascendencia y posteriormente de la cultura relacionada con los que defendían la misma, queda un vacío. El nihilismo, por tanto, se nos presenta como un principio de negación tanto del yo trascendental como del nosotros piadoso.

Existen muchos sociólogos que relacionan el proceso de deterioro social con la proliferación del nihilismo. Es lógico pensar que un hombre que pierde toda esperanza en una vida futura, acaba dándole exclusivamente importancia a la existencia terrenal y desde este punto de vista, el nihilismo puede acabar propiciando la aparición del egoísmo, del hedonismo o de la ruptura social. Y ha habido ejemplos de nihilistas que tomaron en mayor o menor medida algunos de estos caminos.

No obstante, el hecho las sociedades modernas defiendan cada vez más los principios arreliogiosos y establezcan modelos de libre pensamiento lejanos a la promesa de salvación, en contra de otras sociedades que consideramos menores gobernadas por el fanatismo religioso, es cierto que ha derivado en un socialización de la esperanza personal.

Muchos sociólogos levantan la bandera del nihilismo para explicar el aumento del consumo de drogas, de la violencia, del materialismo y de la negación de todo principio altruista o socialmente beneficioso, pero yo creo que se equivocan.

Considero un acierto la eliminación de dios dentro de las sociedades modernas, pero considero que éstas no han sido capaces de sustituir estos valores dogmáticos por otros que garanticen el control de las individualidades extremas o la búsqueda introspectiva de nuevas metas o bienes supremos.

La libertas es bella, pero no siempre se sabe usar. El hecho de que estas sociedades modernas hayan creado individuos carentes de toda moral o esperanza es un error de la educación que se ha recibido de generaciones anteriores. Éstas generaciones han convivido con estos conceptos religiosos que, una vez apartados, no han sabido sustituir convenientemente por nuevos modelos de valores.

El nihilismo debe ser entendido como creación y no como destrucción. No basta con destruir el modelo anterior, hay que saber construir un nuevo modelo. Y el hecho de que las sociedad moderna dé al individuo la libertad de escoger su modelo vital no implica que el individuo sepa hacer uso de dicha libertad. Considero que la mayor parte de la sociedad no está preparada para vivir sin dios, no está preparada para vivir sin miedo al azote, no está preparada para crear un mundo al que le quede esperanza.

Ante esta perspectiva, quizás la historia solo nos dé dos opciones: Que volvamos a las religiones y que los estados propongan y promuevan un modelo de salvación del alma acorde a sus intereses, tal y como aparecieron siglos atrás las religiones tras la destrucción del mitos o que las sociedades promuevan los medios suficientes para dotar a sus individuos de una esperanza que les dé trascendencia.

Las sociedades capitalistas nos han servido de entretenimiento. Nos han prometido que si estudiamos ganaremos dinero y podremos comprarnos una casa, que si somos malos iremos a la cárcel y que si nos drogamos moriremos. Pero no creo que se pueda cultivar una sociedad con un mensaje tan tristemente sencillo como falso.

¿Estamos cada de uno nosotros preparados para crearnos una nueva religión que nos dé esperanza a pesar de que su culto no sea compartido por una comunidad? ¿Estamos dispuestos a rezar y entregar nuestra lealtad a principios que choquen contra el egoísmo o la búsqueda de satisfacciones inmediatas? ¿Estamos dispuestos a cambiar nuestras sociedades para que inculquen la necesidad de construir una verdad personal y aceptar la verdad personal de los otros?

Yo creo que todo el mundo no está preparado para ello. Creo que los que algunos llaman nihilismo social no es más que la más pura y absoluta inconsciencia social. No creo que muchos de los jóvenes drogadictos, violentos o materialistas tengan ni idea de lo que es el nihilismo. Y yo creo que la sociedad debería enseñarlo.

Yo soy nihilista y he creado mi propia escala de valores. Tengo mi propio concepto del bien y del mal. En la inconsciencia no hay bien ni mal, todo vale. Yo tengo una religión que se llama Eddy Waiting. El inconsciente no cree en nada, lo cual no le convierte en un nihilista.

Hay que inculcar socialmente la necesidad no solo de destruir a las religiones, sino de crear una nueva. Yo, por mi parte, apuesto por valores como la empatía (el saber ponerse en el sitio del otro), el sacrificio (no esperar que todo sea fácil), la honestidad y el respeto. Y soy nihilista, y no me gusta que digan que los inconscientes, que aquellos que no saben adónde van, que aquellos que no saben quiénes quieren ser y que solo se preocupan de su propio bien, son nihilistas. Para ser nihilista hay que pensar y para los que no les guste pensar, ya existen las religiones.

En este sentido tengo que reconocer que las religiones, por muy falsas que sean, han servido de sustento moral al bien comunitario. Y quizás no debamos desprendernos personalmente de ellas hasta haber creado un modelo propio alternativo consistente. La destrucción destruirá al individuo.

Hay que buscar un nihilismo constructivo si no queremos quemarnos en la hoguera de los egoísmos.

Revival: La realidad del cambio

Tuesday, June 24th, 2008

Ayer estuve hablando con mi amigo Antonio y salieron en la conversación cuestiones de las que escribí hace mucho tiempo. Para que lo lea si le sigue interesando y para sumarlo a esta e-hemeroteca personal, reproduzco el texto escrito el 19/Abril/2004

“Tengo la sensación de pertenecer a una generación que cree que el mundo ha alcanzado un nivel medianamente maduro de humanismo y de estabilidad social.

No sólo me refiero a los problemas que actualmente vemos en los telediarios y que todos sabemos. Lo intento mirar con una amplitud mayor a la vida que conozco (es decir, desde un sentido históricos más que personal).

Creer que el siglo XX ha supuesto un avance en la humanidad del hombre es tan trágico como real es el hecho de que ha sido con infinita diferencia el siglo más bélico de toda la historia, tanto a nivel de conflictos como a nivel de víctimas.

Pensar que vivimos siglos de regímenes feudalistas, imperiales e imperialistas, coloniales o tribales y que en sólo cien años hemos visto nacer, crecer y morir el comunismo, el fascismo, el nazismo, el socialismo o incluso las monarquías y oligarquías me hace reflexionar con la contradicción de la conciencia general que sentimos sobre que el capitalismo parece un régimen estable. La historia nos ha enseñado que 50 años son ahora más que nunca en la historia un periodo de tiempo demasiado grande como para poder confiar en que todo puede seguir en una misma línea.

Quizás el capitalismo ha sobrevivido tanto al tiempo quizás por ser un sistema predominantemente económico que, aplicado a un mundo de furioso avance tecnológico, ha permitido que todos vendamos un poco nuestra alma a ese diablo que nos permite en 10 años transformar nuestras vidas: Queremos ver películas espectaculares que bajamos de un internet de tarifa hiperancha, que luego grabamos para poder introducir en nuestros aparatos de DVD conectados a nuestros monitores planos. El soma del progreso.

¿Nadie se ha planteado qué ocurrirá si dentro de 40 años sufrimos un parón tecnológico de modo que una consola que sea el doble de buena que la anterior costase el doble en lugar de costar la mitad?

El hombre creo el progreso, el progreso se movió con dinero, el dinero se acumuló creando más progreso y originando un ciclo de realimentación comparable a esas cantidades inmensas de materia que se concentra en determinados puntos del universo de modo que acaba teniendo tal densidad que absorben por el principio de atracción de las masas (como la gravedad) a toda materia que lo rodea convirtiéndose en algo mayor. Esas cantidades de materia se llaman agujeros negros (que sería el punto en el que serían capaces de absorver incluso la luz, que también es materia, que pasa cerca de ellos).

Y creo que sufrimos esa dictadura de los grandes capitales. Pero si el progreso dejase de generar un beneficio económico tan grande como para repercutir el gasto que cuesta la investigación, la realimentación dejaría de ser tan poderosa, tomaríamos menos soma y posiblemente seríamos capaces de idiotizarnos menos.

Y entonces quizás todo cambie. Pero, como todo cambio en la historia, muchas veces se producirá de una forma más inevitable que lógica, de una forma más expontánea que razonada.

Creer que estamos en un grado avanzado de humanismo por ser una sociedad que critica la guerra, por ejemplo, es como creer que un niño de 5 años es una persona madura porque es capaz de hablar.”

No se aprende a sufrir, sólo se aprende a ser insensible

Wednesday, June 18th, 2008

Hoy he leído en el último libro de Punset, que trata del amor, un concepto por el que siempre intento pasar siempre un poco de puntillas, que los circuitos neuronales que se activan en la depresión posterior al abandono de las parejas son exactamente los mismos que se activan en un niño pequeño ante la sensación del abandono materno.

Este hecho, contrastado por diversos psicológos, nos llevaría a pensar que en verdad, frente al abandono, siempre somos niños. He leído algún reportaje en el pasado sobre cómo afrontar estos casos y me llamó la atención que uno de los medios aceptados fue precisamente uno que tomé en su momento con una separación muy pasada en el tiempo: Escribir un diario.

Cuando aquel amor comenzó me pilló en una época en la que escribía mucho y como ella también era muy aficionada a la escritura, fue un punto que desarrollé durante toda la relación. Desde este punto de vista, tengo una especie de minidiario de la relación y un diario exhaustivo de la separación.

Ahora vivo el amor de nuevo y la verdad, creo que no estoy enamorado de una manera muy diferente a como lo estaba entonces, y hablo de cuando tenía 20 años. ¿Tendría que pensar entonces que si esto no funciona lo pasaré tan mal como la vez anterior?

Obviamente, la vida es cada día diferente y no podemos pensar que reaccionaremos siempre igual. Yo creo que la edad me ayudaría a superarlo de una manera más optimista que en aquella ocasión, en la que me quedé realmente chafado durante mucho tiempo, pero seguro que lo pasaría mal.

Yo creo que aquello me dolió mucho por dos motivos, primero porque expuse mucho mi sensibilidad. Vivía el amor muy románticamente, me dejaba embriagar por él aunque fuera una relación que ya se sabía que no triunfaría y, segundo, porque no me di cuenta que realmente la persona a la que amaba no compartía conmigo cosas básicas para mí como la sensibilidad para el amor, con lo que ya venía muy frustrado desde la relación.

Yo amé aquella vez porque no sabía que realmente lo iba a pasar tan mal. Pero pensar que amar así es el error es un error en sí mismo. Yo creo que amar así es bello. El error fue que amé a una persona a sabiendas que no debía y el porrazo fue mayor.

Hay gente que plantea relacionales emocionales de pequeños vínculos, lo cual les garantiza una estabilidad y cada vez menos gente practica un discurso de relaciones emocionales intensas y románticas que se mantienen.

Dicen que en el amor el romanticismo acaba desapareciendo, pero yo creo que puede ser la rigidez lo que acaba con el romanticismo. Cuando una persona enamorada conoce a otra enamorada de ella, tienden a encontrar un equilibrio entre el uno y el otro, pero cuando uno de ellos cambia, el otro lo puede considerar un desequilibrio en su modelo acordado.

El romanticismo es contrario a la coherencia. Amar es algo loco, cuando amas a alguien más que pedirle que sea todos los días igual, tendríamos que animar a que fueran cada día diferentes y vivir un proceso adaptativo continuo. Cuando intentas integrar en una relación un nivel de consonancia emocional importante, tienes que saber adaptarte a los continuos cambios emocionales que se producen en la vida de cada uno. Es decir, si planteamos que cualquier acuerdo de pareja es como un puente para unir dos puntos inicialmente extremos, estos puentes acaban siendo no solos inútiles sino a veces verdaderas prisiones si estos dos puntos extremos quieren en un momento dado cambiar de localización. La solución a este problema podría ser estar siempre tirando y rehaciendo puentes. Por tanto, el contrato emotivo que establecemos con la otra persona se hace más fuerte si es variable en el transcurso de los años sin que ello sea un impedimento sino más bien un camino, porque el cambio de las personas es inevitable. No podemos culpar a nadie de querer diferentes que hace cinco años. Es una ley natural, yo creo que la clave es intentar pensar que una relación, lejos de ser un dogma, es un organismo vivo, como las dos partes que la componen y que, por tanto, crece y evoluciona constantemente.

He tenido la oportunidad de ver gente de otras generaciones anteriores a mí que de viejos no están enamorados, simplemente comparten piso, paga y nietos y otros que se siguen queriendo con la edad, que se necesitan el uno al otro y que cuando se miran se siguen sonriendo.

Hay científicos que dicen que la pérdida del amor está demostrada fisiológicamente. Algunos los ponen en tres años, otros en cuatro, otros en siete. Pero a mí me da igual porque, primero, si en estudios sociológicos de este estilo de 100, lo cumplen 95, ya se puede proponer la teoría, aunque ésta nunca hable de la totalidad de casos, y, segundo, porque ninguno de estos estudios hablará jamás de la fe que uno pueda tener en sus sueños.

Cuando tienes que enfrentarte contra todo el mundo, cuando la ciencia, amiga de la lógica, te dice que tus sueños no son posibles, solo la fe te dará una posibilidad de victoria. Y la única manera de conseguir los sueños en un mundo sin esperanza es luchar por ellos aunque lo más probable al principio sea que acabes escribiendo diarios antifrustración.

Hoy he descubierto que quizás Eddy naciera también como un diario antifrustración de una vida que estaba en proceso de cambio e indefinición, ya que conforme mi vida y que no he querido abandonar incluso conforme esta indefinición ha ido desaparenciendo. en parte, sobre todo laboralmente sigue un poco indefinida, pero no lo creo, porque si fuera asSoy culpable de ser contemporáneo en mi vida a lo que escribo y quizás cuanto mejor van las cosas, más lleno estoy de optimismo.

Pero no lo creo. Siempre he sabido que es muy fácil decir “ten fe”… pero cuando alguien me ha contado algún proyecto yo siempre he hecho, antes de poner pegas, la pregunta… “te hace ilusión?”.

La ciencia pregunta “¿Cómo?”, la filosofía “¿Por qué?”

Monday, June 16th, 2008

Durante una gran parte de mi vida tuve una gran curiosidad por la ciencia, por descubrir los secretos que rigen el mundo y los mecanismos que nos llevan a sus descubrimientos y con esta curiosidad me mantuve despierto durante una época, aunque una vez explorados una parte del camino, acabé cambiando de idea.

La ciencia, a nivel actual es eminentemente práctica. Cualquier estudio se hace con la idea de intentar observar una inferencia para luego modificarla y cuando hablamos de materias como la química, el estudio de la energía o los estudios de estructuras y pesos, los estudios que se realizan siempre intentan optimizar procesos existentes añadiendo nuevos elementos, pero nunca intentan descubrir por qué las cosas funcionan así, con lo que el acercamiento a la verdad es limitado y se restringe mucho más a la reproductividad que a la creación de modelos de grado inferior al estrictamente práctico.

Hay, por contra, otras doctrinas de la ciencia que al ser menos universales o no disponer de conocimiento suficiente, se basan en modelos que intentan describir un comportamiento general. Como no podemos estudiar la consecuencia, pasamos a plantear las causas y aquí la ciencia abre terrenos más ricos. En este entramado estarían elementos como la psicología, la sociología, el evolucionismo o el estudio del universo. Sin duda, éstas, ofrecen vías más ricas filosóficamente que las anteriores.

Pero aún así, me quedo con la filosofía… porque es la única de todas las ciencias del mundo que realmente intenta estudiar quién soy yo y por qué, más que cómo me comporto en función de estímulos.

El determinismo personal

Saturday, June 7th, 2008

El universo está regido por leyes físicas (observables y reproducibles en condiciones específicas) conocidas o aún desconocidas, leyes metafísicas (no observables, al menos por una mayoría de individuos o no reproducibles en condiciones controlables) y leyes personales (aquellas que rigen un individuo, sobre todo aquellas que están en oposición de la tendencia general o norma socialmente regulada).

En otro escrito estuve divagando sobre las posibilidades matemáticas del planteamiento de estas leyes, pero hoy quiero centrarme en el aspecto personal de las mismas.

El hecho de que estas leyes pormenorizadas existan o no en el universo, desde un aspecto personal seguramente nos afecta poco. Por un lado, la complejidad de las relaciones naturales y el desconocimiento de su diversidad, hacen para una persona común imposible su continua resolución, y por otro, el conocimiento que se extrae de estas leyes es mucha veces mínimo en comparación al esfuerzo necesario para su resolución detallada. Nos gusta sacar leyes que nos sean beneficiosas, relaciones que nos puedan ayudar, pero no prestamos atención a todo aquello que no sea alguna vez aplicable.

Por tanto, las normas del universo, desde un punto de vista personal pueden llegar a ser completamente ignoradas y reducidas a un sistema de aprendizajes sobre aspectos diferenciales de la relación con el mundo que nos rodea y la acomodación de nuestra felicidad dentro del mismo.

No obstante, no deberíamos perder la conciencia de que, aunque seamos la consecuencia, digamos caótica, de un sistema de ecuaciones cuasinfinito que ni podemos ni nos merece la pena resolver al detalle, estas leyes en verdad rigen nuestro organismo.

Todo esto para plantearme… ¿hasta qué punto, aunque no seamos conscientes de ello, somos meramente la solución a una ecuación? ¿del sistema de ecuaciones universales que aplican a un único individuo, cuáles son los grados de libertad? ¿qué parte de lo que somos es algo que decidimos y qué parte es fruto de una ecuación rígida?

Como no quiero resolver el problema matemático, me fijo en el paradigma personal. ¿Qué parte de mí es algo que yo decido y qué parte de mí es algo que, aunque yo crea que decido, en verdad es una consecuencia exacta de otros aspectos?

Yo tengo la creencia de que en la vida existe un nivel de determinismo personal, no necesariamente rígido (sería como plantear un universo basado en un destino concreto), pero mucho mayor que el que realmente sentimos a diario. Yo creo que conceptos como coherencia, gustos personales, rigidez de ideas, conceptos o creencias, aficiones, fobias o aspiraciones forman parte de esa parte de nuestra persona que, siendo diferencial a los demás individuos, solo tiene una misma manera de ser dentro de un individuo.

Para hacernos una idea, si tuviéramos 100 hijos, lo más probable es que no sean todos del mismo sexo, pero si nos dieran 100 veces a escoger entre dos fotos donde aparece una cara que nos recuerda a un amigo frente a otra que, por lo que sea, no nos cae bien… ¿cuántas veces escogeríamos la misma foto? Seguramente más de 95.

Me resulta curioso cómo percibimos la testarudez como un signo de libertad y reafirmación en la capacidad de elección, pero si lo observamos con cierta distancia… ¿qué capacidad de elección tiene un individuo que siempre responde igual a la misma pregunta?

Las consecuencias del determinismo

Sunday, May 4th, 2008

Para mí, una de las principales cuestiones que la vida, tanto en el sentido universal como personal, me plantea es la relación de determinación de las cosas. Saber qué grado de aquello que nos ocurre es expontáneo o previamente determinado.

Es obvio que vivimos en una realidad basada en leyes matemáticas. La ciencia día a día nos descubre nuevas relaciones universales, pero dentro del universo no alcanzable por la ciencia y por tanto lejos de ser algún día científicamente expresadas con carácter universal, también existen estas leyes.

Expresándolo de otro modo, existen más realidades matemáticas que físicas. La leyes físicas expresan un conjunto fuera de excepciones, pero en un sistema lleno de excepciones, estas excepciones, a su vez, siguen leyes matemáticas que la ciencia nunca intentará encontrar (a no ser que esta excepción nos resulte rentable y afecte a estudios energéticos o tecnológicos).

Siguiendo la línea de otro escrito ya publicado, la ciencia nunca intentará averiguar quiénes somos cada uno de nosotros, solo nosotros podemos extraer esa ciencia aún a riesgo de que, una vez conocida, no poder compartirla, pero aún así, por muchas excepciones que cada uno suponga dentro de las grandes estadísticas humanas, siempre seguimos pautas que podrían ser derivadas de efectos anteriores.

Si intentáramos expresar todas las leyes matemáticas del universo, tanto aquellas que expresa la ciencia como aquellas que afectan a cada individuo, a la relación de sus nacimientos y evoluciones y aplicada a cada partícula o relación de partículas con sus convenientes ecuaciones de dependencia, es decir, si pudiéramos plantear las infinitesimillonesillas ecuaciones del universo, como con cualquier sistema de ecuaciones de menor grado, podríamos llegar a tres situaciones posibles.

a) El sistema devuelve una solución exacta. Matemáticamente significaría que la ecuación es determinista. Físicamente podría significar que el universo, en realidad, es una constante estática o que, al menos, en estados de no variación de las ecuaciones o las variables se llegaría a dicho resultado.

b) El sistema tiene (n-m) grados de libertad. En un sistema de n ecuaciones no relacionadas (que de unas no se puedan deducir las otras) y m incógnitas, la solución es un espacio (n-m) dimensional. Está claro que el universo observable y el que la ciencia se podrá mover depende básicamente de cinco variables deterministas… las tres del espacio, el tiempo y sus diferenciales (efectos del pasado), aunque a mí me gusta añadir las integrales (efectos del futuro), y el tipo de partícula que ocupe en cada momento el espacio a las que se añaden las ecuaciones de unión. Y básicamente hasta ahí llega nuestro universo explicable y en el que podríamos imaginar el máximo libre albedrío.

c) El sistema no tiene solución. Hay mayor grado de ecuaciones que posibles respuestas y es imposible satisfacerlas todas (por ejemplo, no hay posible solución a un sistema de estas dos ecuaciones x=2 y x=5 ya que no hay valor posible para x que cumpla ambas condiciones). Matemáticamente es irresoluble. Físicamente significaría o que sobran ecuaciones o que faltan variables… existiendo este riesgo físicamente en cualquiera de los casos anteriores.

Creer en el destino, por tanto, sería equivalente a considerar que el universo es determinista y constante. Podríamos decir, que al ser constante tiene instinto de conservación pero de ser así, ¿qué sentido tendría la creación de los opuestos y el planteamiento de las ecuaciones y variables conocidas?. Aquí podríamos hablar cómo Matrix, por ejemplo, plantea esta paradoja y para solucionarla aporta una nueva dimensión.

Creer que en el universo existe cierto libre albedrío otorgaría a cada individuo una pequeña porción dinamizadora del conjunto y aportaría al universo un carácter dinámico y evolucionante y por tanto, tendría la consideración de ser vivo que crece, adquiere inteligencia, cuerpo, fuerza y en definitiva, evoluciona (o involuciona según se mire).

Creer que hay más ecuaciones que grados de libertad solo podría significar que las matemáticas no tienen por qué cumplirse en el universo y que en el universo, quizás, a veces hay situaciones en las que algo vale 2 y 5 a la vez, aunque no cumpla ningún tipo de lógica.

¿Cuántos días debería tener una semana?

Sunday, April 27th, 2008

Para algunos las semanas se hacen largas y para otros cortas. Supongo que en gran medida dependPara algunos las semanas se hacen largas y para otros cortas. Supongo que en gran medida depende de lo aburrida o entretenida que sea la vida tanto laboral como profesional de aquellos que lo piensen.

Podemos pensar que el hombre inventó el concepto de semana para determinar, al igual que se hace en la actualidad, los ciclos de trabajo y descanso de manera coordinada dentro de un poblado. De hecho, se cree que el término inglés week viene a proceder de un término que se asocia al “día del mercado”, lo que vendría a definir los ciclos en los que agricultores separados se reunirían en los núcleos urbanos para comerciar.

En la actualidad, en todo el mundo, parece relativamente estandarizado el concepto semanal de siete días… pero ¿por qué siete y no cualquier otra cantidad de días? Realmente, el concepto de siete días la única equivalencia astrológica que parece tener es el de cambio de fase lunar, pero en ese sentido, el ciclo es de 28 días (además, tampoco exactos) y las cuatro fases son términos más modernos que el inicio del concepto de semana.

Muchas sociedades antiguas usaban ciclos semanas diferentes a 7 días. Los chinos cambiaban, según deseo del emperador en funciones, el número de días de la semana, indicando el tiempo que deberían pasar trabajando antes de descansar un día, describiendo ciclos que van desde los 4 a los 10 días. Para los mayas habían semanas de 13 y semanas de 20 días.

Es cierto que en la Biblia (en el primer capítulo que comparten con los judíos) ya se define implícitamente el concepto semanal de 7 días “y el séptimo día descansó”, no obstante, dado que ambas religiones han sido desde su creación muy dadas a tomar preceptos populares de otras religiones coexistentes en sus inicios, podríamos asumir que las tomaron de sociedades como la babilónica, la persa o la india que ya lo tenían asumido. Para estos, había un día para cada astro conocido hasta entonces (Sol, Luna, Saturno, Marte, Mercurio, Júpiter y Venus)

Fue tomado por Roma antes de la instauración del cristianismo (en el siglo III adC), en la que cambiaron de 8 a 7 días y desde entonces ha sido más o menos de uso común en Europa, aunque el calendario republicando francés (que fue abolido por Napoleón) definía semanas de 10 días y el revolucionario soviético (que duró desde 1929 hasta 1940) definía semanas primero de 5 y después de 6 días.

Pero una vez visto lo voluble del número de días que una semana ha tenido en la historia, me llama lo atención lo universal que parece hoy en día este concepto y lo asumido que se nos presenta, a pesar de ser una pregunta que muchos se han hecho en la historia y que, a decir verdad, nadie sabe en verdad hoy en día porqué escogimos 7 (porque si es por lo planetas, con los que hemos descubierto después ¿qué hacemos? ¿les quitamos también la categoría de planetas a Neptuno o Urano?).

El hambre de sensaciones

Tuesday, April 22nd, 2008

A lo largo de nuestra infancia somos instruidos en el arte de la buena conducta. No pegues a tus amigos, mea dentro del váter, lávate los dientes después de comer, duérmete que mañana hay cole.

A lo largo de nuestra precoz adolescencia nos damos cuenta de que el mundo de la buena conducta no nos es suficiente. Necesitamos encontrar engranajes más allá de los que de forma políticamente hemos aprendido en casa. Es una época en la que el mundo sigue siendo un universo por descubrir y la vida un reto por superar. Aprendemos a consumir drogas, a experimentar el placer y a asumir aventuras arriesgadas con final incierto.

A partir de ahí el camino es muy diferencial. Algunos asumen un oficio, otros escogen una carrera universitaria en función de las salidas que en dicho momento tenga el mercado y otros asumen un estudio supuestamente vocacional que solo nos plantea las mismas preguntas y nos da las mismas respuestas para todos y que raramente son capaces de interpretar o de hacer rentable cualquier antiapología del dogma profesional.

Y entonces llegamos al momento aquel en el que la madurez a veces sale a relucir. Llega un momento en la vida en la que nos damos cuenta, a base de recibir regañinas cada vez que levantamos la falda a una niña del cole, a base de salir de acampadas locas con nuestros colegas buscando una diversión que una y otra vez se nos acaba escapando, a base de levantarse todos los días a la misma hora para hacer algo que al principio nos parece deslumbrantemente nuevo y actual y que con el paso del tiempo se vuelve no solo rutinario e inmovilista.

Llegamos al momento aquel en el que nos planteamos que a veces es mejor aceptar las cosas que intentar cambiarlas, que nos aporta más resultados conocer de la manera más empírica posible los mecanismos que rigen cada aspecto de nuestras vidas que intentar imponer un criterio imaginativo, propio y evolucionista. Y, cuando asumimos esta tendencia vital y con el paso del tiempo vamos perdiendo facultades físicas o no tenemos tiempo para imaginar ninguna situación que simplemente lo aceptamos y nos dejamos llevar.

Desde este punto de vista, es como si la madurez repercutiera en una pérdida del impulso personal en pro de una mejor adaptación social, sentimental o laboral. Como si el equilibrio asociado a la madurez no fuera más que una armonización de los impulsos más duros que viven en nuestro organismo. A los individuos que son capaces de controlar sus instintos, planificar sus relaciones y ser correctos en toda situación los admiramos socialmente. A los individuos que se dejan llevar por lo que cada situación le ofrece, que disfrutan del momento y que pierden todo rigor social sistemáticamente los llamamos locos.

Yo pertenezco más al segundo de los grupos. Y lanzo al aire una pregunta a los del primer grupo ¿qué hacéis cuando vuestra alma os pide con aprensión una sensación concreta? ¿Olvidáis la misma y simplemente superestructuráis el deseo para la hora de la agenda que más os convenga? Cuando tenéis un impulso que no sois capaces de explicar, cuando sentís que debéis seguir una dirección concreta aunque os podáis a arrepentir toda la vida ¿podéis olvidar la pregunta de “qué hubiera pasado si..”?.

A lo mejor, aplicando la teoría del impulso, considerando que mis sensaciones son fruto de un impulso personal, también podría ser válido plantear las preguntas en origen más que en consecuencia, y sería cómo decir ¿a todo el mundo el alma le pide alguna vez con aprensión una sensación concreta? o ¿todo el mundo sería capaz de sentir dicha llamada? ¿todo el mundo es capaz de capaz de tener impulsos y de interpretarlos como tales? ¿habrá gente que nunca se pregunte “qué hubiera pasado si…”?

¿Habrá gente que nunca sienta hambre de sensaciones?

La inteligencia no humana

Saturday, March 22nd, 2008

El principal fallo filosófico de cualquier religión, el punto clave que demuestra que no son más que teorías con enganche popular que lógica, es el antropocéntrismo de la mismas.

Consideran al hombre como el centro del universo, como el orgullo de la creación divina y como el símbolo más cercano a la perfección dentro de la naturaleza y para el cual ha sido creado el mundo.

Sea o no sea religioso, existe una tendencia generalizada en creer que la supremacia del hombre se basa en la capacidad única de entender la naturaleza. Es decir, en la inteligencia.

Y yo creo que esta premisa es en todo errónea. Creo que la inteligencia es un proceso natural con multirepresentación en la naturaleza.

Ya en otros mamíferos podemos reconocer claros elementos de inteligencia. Todos hemos visto a monos por la tele escribir o como nuestras mascotas son capaces de enamorarse y reflejar su instinto reproductor de una manera emocional, pero todas estas reacciones que consideramos inteligentes en nuestras mascotas serían inteligibles desde el punto de vista que son inteligibles por nosotros, las notamos y las entendemos, pero existen otras representaciones de inteligencia en los animales que superan la capacidad humana.

En el reciente tsunami, todos los animales huyeron. Quizás algunos notaron lo que iba a ocurrir y otros notaron por estos que pasaría algo y los seguirían, pero lo cierto es que muchos animales de diferentes especies, perros, conejos, elefantes…, lo presintieron y huyeron despavoridos de la costa, incluso en zonas en las que las olas llegaron a 3 kilómetros sobre la costa.

Si recuperamos el concepto, claramente antropocéntrico y excluyente de la inteligencia, se entendería como la existencia de siete habilidades: verbal (articulación y comprensión de palabras), numérica (resolución de problemas aritméticos), fluidez (capacidad de pensar rápidamente), perceptual (captar similitudes y diferencias), espacial (medición de distancias), mecánica (basado en la memoria y el recuerdo) y el razonamiento (comprensión de principios para resolver problemas).

Evidentemente, esta inteligencia no es la que se da en los animales, pero eso solo viene a explicar lo limitado, según mi opinión, de nuestro concepto de inteligencia.

Yo creo que la inteligencia es un concepto distribuido a muchas niveles de la naturaleza. Para que un célula complete un proceso de mitosis (separa cada uno de sus órganos en dos y cada parte de cada órgano se va a un lado diferente de la célula para que, cuando queda equilibrada, poner un muro y dividir la célula en dos) es necesaria la inteligencia. Para que una paloma mensajera recuerde el camino de vuelta es necesaria la inteligencia. Para que un árbol se enraíce de manera que le permita acceder al agua de la misma manera que tomar superficie para soportar su peso, es necesaria la inteligencia.

Deberíamos tener un concepto mucho más abierto de la inteligencia. Y no deberíamos descartar la inteligencia no solo animal. El problema del concepto inteligencia es que solo puede ser aplicable a un ser desmotrablemente evolutivo. Que no veamos movimiento en un roca ni significa que ésta no lleve un proceso demostrablemente evolutivo en el que, en su base, puede haber algo de inteligencia.

Lo que los religiosos llaman la gracia de Dios, lo que los científicos llaman instinto, lo que los filósofos llaman mundo, yo creo que no es más que la suma de inteligencias paralelas a la nuestra definidas cada una para conseguir un conjunto superiormente inteligente, para el cual necesitamos tanto como depende de nosotros, de todas esas inteligencias paralelas.

Quizás Dios solo sea la suma de las inteligencias paralelas.